lunes

París By Night 13

Duerme la musa de Frusciante. El rostro cortado, las cejas desordenadas. -Tu veut que je part ? –llega de una fiesta. Sube los seis pisos y golpea la puerta. El pasillo está vacío. No se ve a nadie a pesar que hay mas habitantes en este último piso que en el resto del edificio. Hay ruidos, la respiración de un animal, escondido, en una jaula sórdida. Las ventanas golpean por el viento. El pasillo es denso, eléctrico, interruptor de paranoias controladas. Llora. –Je suis fatigue, je ne se pas qu’est que j’ai –se limpia la nariz. Tiene la garganta seca. Jacques dobla una camisa. La guarda en una bolsa de plástico negro. La saca. La extiende. La dobla. La mete dentro del plástico. Se obliga a guardar la bolsa en la valija. Se seca la frente. Mete la mano en un bolsillo de su chaqueta. En la valija tiene Conan Doyle, de Sherlock Holmes, para descansar la cabeza. No quiero nada intelectual o culto. Quiero descansar la cabeza, cuando tengo tiempo. Empuja la valija a lo largo de una calle oscura de Saint Michel. Tenés razón, siempre estoy preparado para partir, con la valija, siempre preparado para partir. Frente a los restaurantes hay falsas estatuas griegas y banderas de equipos de futbol italianos. Se detiene para leer un cartel de una discoteca: “Sex, and hotel: Let's dance tonight and make love tout la nuit.” Insulta a una pareja de viejos. Les pide unas monedas, bastardos. Se cruza con el actor y su perro shiva. No se saludan. Al frente, Gerard Depardieu compra unos kilos de helado y se sube a la vespa. Laurent, SDF, espera que pase el día para ir a dormir bajo el Marche St. Germain. Cada noche esta más borracho. No me acuerdo. Aun tenía teléfono. Para ese entonces me sentía como un cáncer dulce que se apaga en el anonimato. Me recontactó después de un ano. Esa noche creo que quería una explicación o no quería dormir sola. Nos conocimos en los preparativos de su viaje. Después deje de contestar a sus llamados. Nunca más me escribió. Solo una vez donde pedía las mismas explicaciones que anoche, en su departamento parisino. Me mostro un cortometraje de un pueblo originario de Australia. Vive en una calle sin luz, de un barrio alejado. Tiene un auto prestado sin luces. El lugar es una ciudad horizontal con olor a muerte. Le dije que iría a visitarla si solo había perros y taxis. Tenía el pelo largo ennegrecido con puntas rubias y el culo moldeado por su pasión por el vóley. Se sirvió un whisky mientras yo terminaba la botella de vino. Se lavo los dientes y apago las luces. Me dio la espalda. Hace un ano no tenia pelos en las piernas ni en las axilas. -Je suis fan de Balzac- transpirábamos detrás de las cortinas metálicas, una tenue luz de acero sacudía nuestro sexo insular. Esta ahí en el piso cubierta con la manta blanca. Peter Klasen, Paris Match, Ucrania, Amit Berlowitz, Purple Gallery, Brigitte Mohnhaupt, Joel Meyerowitz, Martin Parr, Imre Kertész, Richard Avedon, Bruce Weber, Meter Beard, Terry Richardson. Jacques se ríe. Se ríe de la fatalidad, de su inconsistencia. Querían pero no se tiraron y me quedé solo en una calle de Chateaux d’eau sin taxi ni metro cuando no llovía las había cruzado en el retro dancing club de varieté años 30 luces rojas pastosas esa noche estaba Pablo Verón Nardo Sarko Robert Duvall junto a su esposa Argentina residuos del Troitoirs de Buenos Aires rue des Lombard cita de los tangueros e intelectuales del ’83 héroes a distancia les gustaba decir que el tango no se escribe arriba del falo después de sacarse el abrigo y ponerse los zapatos con fondo de Discépolo ni equilibrio sobre la aguja se escapa antes del orgasmo tiene vergüenza sin contar los tacones rotos quebrados al medio por un mal movimiento entre los brazos de un viejo milonguero de pelo tenido de negro con raíces blancas época del tango nómade y al cierre del Opus nos reencontramos con el vendedor ambulante de hachís y lo ignoramos. E. es profesora de ciencias del saber en un liceo francés en el Cairo. De padre sirio y madre egipcio-francesa. Vive con dos gatos en un barrio residencial. Salvo la nariz, el resto es occidental. Nos despedimos. La libido estaba bloqueada o mal vehiculizada gracias al Islam. Hablamos de Cossery, mendigo y orgulloso. Se aloja en un atelier de un artista en rue Saint Simon, pequeña calle cercana a la rue du Bac. Nefertiti tiene ojos verdes, la piel marrón, el pelo ondulado, las piernas largas y finas sobre unos tacones egipcios de cuero. Demora en el baño. Me habla de sus padres. De Sicilia. La minifalda apenas le cubre el string. Responde con agresividad las miradas masculinas. Su madre escribe sobre el Egipto antiguo y la fenomenología urbana del Cairo contemporáneo. Describe los habitantes que esperan el ómnibus. Ceno sola.

-En el Cairo, qué extrañas?

-Los besos en la calle. Hay que esconderse. El tiempo se arrastra. Espero el acto. Soy torpe. Espero. Completo con palabras, parezco estúpida. Fumo un cigarrillo. El primero en cuatro meses. Se duerme en la mesa. Se siente frustrada. Quería bailar. Se mueve en el bar. Tensa. Mar rojo, humor negro. Suena debajo la voz culposa de la cultura musulmana, el padre con túnica. Sube la cortina de hierro. Abre la media puerta. Son las 5 am. En la cara tiene polvo marrón color carmín, caramelo, pelo castaño con rulos, ojos verdes almendrados. Reivindica su rol de mujer independiente de 33 años y Oul Kum Zum. Me confiesa que vino a París a buscar la familia de su madre. Se había pintado los ojos. Sobre la mesa dibujo su país con fósforos. Se disculpa. Son la 6 am. Como la mitad de un melón. Fuma en la cama. El humo sale por la ventada abierta, aspirado, junto al vapor de la cafetera. Tiene frio. Me pide un pulóver. Se arrodilla frente a la ventada y reza. Aplasta el cigarrillo. Se escuchan las primeras bocinas. El tiempo es denso y definitivo. El aire huele a sal y cemento. –J’ai recycle des ancien copain en amant donc que la infidelite ne se pose pas-. Un llamado era suficiente. La cita era en el estacionamiento de un supermercado en los suburbios de París. En esos segundos de anonimato brutal, desaparecía. Se abría hasta romperse. Gritada. Se golpeaba la cabeza contra el techo del auto. -Je suis fan de Balzac. Balzac era una mierda. Pero detesto el bien pensante. Me gusta Celine-. Esa vez, fue un pianista clásico, divorciado, un hijo, antiguo cocainómano. Ella se durmió. Le chupo la concha, cree, no se acuerda. Le dolió porque tenía la pija demasiado grande. Por la mañana se vistió y se fue sin saludar.

Por Gabriel Magnesio

Especial desde París

La gente que roba para comer no delinque

La gente que roba para comer no delinque. Lo digo porque me lo enseñó mi papá cuando yo era muy chico. Es más, en épocas de malaria, mi padre me llevaba a robar. Me hacía compartir la aventura de robar un par de lechones a los capitalistas lácteos. Salíamos en sulky, los dos, a la media noche. Dejábamos el sulky detrás de un montecito, a unos quinientos metros. Luego caminábamos en las sombras, y unos cincuenta metros ante de los chiqueros nos arrastrábamos por si las moscas. Mi padre era un maestro para agarrar lechones sin que las bestias se pusieran a chillar. Metíamos dos en una bolsa de arpillera y salíamos, despacito, como si nada. Yo me moría de felicidad y de miedo. Volvíamos, mi viejo silbando algún tango y cagándonos de risa del operativo exitoso. Con el paso del tiempo, y no hace muchos años viví una época muy jodida, no tenía para comer. Entonces recurrí a las megas superficies de los alimentos para alimentarme. Recorría el Carrefour como un comprador más, llenaba el carro con productos suntuosos que no iba a comprar, desde luego. Entre los productos colocaba, jamón crudo, queso, bondiola, pan. De bocadito a bocadito lograba ponerme satisfecho no sin recurrir a algún postre de ocasión. Con la panza llena, dejaba el carro y luego salía feliz, tanto como cuando con mi padre salíamos a robar lechones. Desde ya mi agradecimiento al grupo francés por colaborar con mi alimentación.

Omar Hefling

París By Night 12

Jacques lee el diario sentado en la boca del metro Cluny La Sorbonne. Empuña la lata de Heineken 50 cl bajo el sol. Los grandes hombres hablan sobre ideas, los hombres promedio hablan sobre cosas, y los hombres pequeños hablan sobre otros hombres. Sabes, esta es una frase que vi hace muchos años en el paragolpes trasero de un automóvil en U.S.A. Es una mierda, un país neurótico que en esos anos estaba al borde de la psicosis. Se rasca la pierna hinchada, tiene cara de perro rabioso, perro culposo. Se rasca la pierna, la cabeza, la barba. Tiene saliva en la comisura de los labios. Abre otra lata. Tira el primer trago al piso y mira detrás de su espalda. Amstrong es popular en América porque canta y transpira. Miles es blanco. La neurosis es una religión privada y Miles era agnóstico de el mismo. Le aburría el sexo seguro y los consejos académicos espontáneos. Se perdía en su toz, a modo de flagelación inconsciente, o se rompía la cabeza contra la vereda fría del Hotel la Lousiane, donde cogía con Juliette Greco. Para ese entonces el sentido de orientación o las tradiciones le provocaban nauseas. Era un peón de la vanguardia y rey de las radios. Es primavera. Las ventanas se abren. Las piernas se abren. Esta noche el negro de la epiceria me da la mano a pesar que compro solo una lata de maníes. Tiene la cara negra y los dientes blancos. Saluda con los ojos fijos de la plegaria. Sin derecho a la palabra. El acto prohibido. Ni las putas ni las dudas. No tiene dinero para comer.

Si quieren cogerte, recurrí a los sindicalistas. Moi je me trainer. Si llueve, me mojo. Moi je fait rien. Vos estas activo. Para mi es demasiado tarde. Je mange des frites chez les grecques pour 3 euros. Beh oui. Siempre puedo coger. Aquí siempre se puede coger. Contar el hueco, lamerlo, rodearlo. El precipicio cerca, mesurable con la lengua. Esa mujer. La tos de Miles te recuerda que estas vivo. Visceral. Una toz como un corte en la mano o en un dedo o por la espalda. Cuando me corto el dedo lo desinfecto con un chorrito de vodka. Sin olvidar que un hueco estridente cuesta un ticket de metro, la lengua con profesión será la concha que será el rictus que será placer que terminara en la basura que el círculo recomienza fresco maquiavélico y los cuerpos muertos, la mano muerta o temblorosa. No me dice que algo esta mal. Sera displicente para la ocasión pero severa la segunda vez. Sospecho que quisieras saber hasta que edad quiero vivir, que me gusta hacer, por que me visto de traje, donde compre el sombrero, si tengo amigos, si alguna vez ame, de que signo soy, o cuantos anos hace que estoy en la calle. Jacques mira hacia atrás, desconfiado, distante, mira de reojo, cuida su espalda y empuja la valija. La tiene pegada en la mano izquierda. Parece siempre preparado para partir. Su cabeza es un cut-up. Un febril montaje. Trozos que se superponen absueltos de linealidad. No escuches esas reflexiones de mierda. Mientras tu camisa este limpia y sea class nada pueden reprocharte. Además es un bar, no un hotel tres estrellas. Mira, la vida es linda. Escucho una canción de Baby o Mozart. Si es música religiosa podes ponerle una cruz. No me interesa. Lloro. La vida es linda. Es una alfombra suave con cielo azul. Quiero que sea eso. Me suda la frente. Me duele la garganta. Un día la cuerda se me corto. Antes lloraba, limpiaba el departamento, iba al supermercado, vomitaba. Ella era serena brillante fresca. Ahora cuando vomito no estas, hago ruidos pero la gente no me mira. Eso será la derrota. Te extraño. El muro me duele, mi nariz sangra, me limpio con una frazada que encontre frente a un hotel. Me hubiese gustado pasar esa noche con vos. Olía bien. Algo seguía. Soy un perro frágil. Postergo el precipicio a la próxima cita. Me preguntaba si tenía el efecto inverso en tu corazón 10 am. Escalinatas a los pies del Pantheon. Jacques se pone la crema en la pierna. Tira enojado unos zapatos negros a la basura. Lee el diario. De lejos parece comido por un sistema o circulo cerrado. Interrumpe la lectura. Mira a los costados. Inclina la lata de cerveza. Se prueba otro sombrero. Insulta. Cambia de disco. Dobla la frazada. Me duele, salís corriendo, oigo tus tacos por el pasillo, corres a buscar un taxi, a ordenar tus revistas, a mentirle a tus padres. Me dijiste que los hechos serán palabras que se harán palabras que se harán nuevos hechos. Así los cuerpos se aceleran, esos cuerpos leves. A esta hora una semana antes hacíamos el amor contra los muros de Nothing Hills. El deseo se reduce a rascarse la espalda como un perro hipocondriaco, avaro de amor rápido, derrame de tu pasión exigua, o las ganas de salvarte por el camino de la maternidad. A esa hora hablábamos de Marc con emoción. Me pongo lindo, me lave los dientes, me masturbe, arregle la habitación, pase la aspiradora.

Jacques mira la lluvia sin paraguas. Es agosto negro. Esta cansado de ponerse en el lugar del otro. Se viste por 15 euro en Barbes. Dice que no quiere morir como una mierda. 16 anos en la calle. Se ríe. Recorre el Bv. Saint Michel. Se detiene cada cinco metros. Inspecciona la basura. Mete la mano. Recupera los sobres de salsa del Mc Donalds donde carga las pilas para el discman. Revuelve. Vacía la lata de cerveza. Empuja la valija. Evita las cebras cuando cruza la calle. Prefiere el túnel del metro. Se ríe, se acerca a una pared para mear. Detrás, deja estacionada su valija con rueditas que cambia cada semana como el vendaje de su pierna enferma. ¿Estábamos a cuantos metros del odio? No importaba, eran noches de humo y luces azules, las gaviotas indolentes, saladas, se lamian, esa noche me llamaste llorando desde un taxi que cruzaba Paris a toda velocidad, tengo la carne dura vieja estriada. En BCN me odiabas porque no trabajaba, estábamos lejos de la rue du Bac, donde escupía y fumaba la chicha, podía dormir sin la luz prendida, pero te fuiste, me tire, ridículo, en el medio, sin ese amor circular. Me muerdo y lo corto, te extraño en tu silla de ruedas cuando me ponías tu viejo termómetro para medirme la fiebre. Jacques reapareció luego de unas semanas de ausencia. A lo lejos se escuchan sus insultos interrumpidos por espasmódicos ataques de risas. Más de 10 días en el hospital. Perdió unos kilos. Tiene la misma elegancia. Insiste en que no perdió la cabeza. Solo agonizaba tirado en la calle, temprano, bajo el frio, con fuertes dolores en el cuerpo. Tenía televisión gratuita. Miraba documentales sobre caballos. El menú era austero, tomaba solo agua.

Por Gabriel Magnesio

Especial desde París

La venganza de los delfines

La venganza de los delfines es una idea absurda de Iván Ferreyra.
Sin motivaciones más que de colonizar a través del discurso. En una pista de baile donde la ausencia de pensamiento es el punto de partida. Más info, acá.

Pepe Fernández por Jorge Forbes

Para quienes tuvimos el gusto, orgullo y privilegio de conocer al gran fotógrafo argentino, Pepe Fernández, van estos breves recuerdos.

José María « Pepe » Fernández, nació en Buenos Aires (Hospital Rivadavia) el 16 de diciembre de 1928 y nos quitó un 14 de julio mientras la fiesta nacional francesa se celebraba en un feriado total y caluroso, (nada más ni nada menos para él que amaba a Francia !) del año 2006. Un año y 5 días despues, (19/07/2007) un entrañable amigo de Pepe fallecía. El Negro Fontanarrosa que gozaba de la inmensa amistad de Pepe, a tal punto de haberle enviado un dibujo dedicado que dice lo siguiente : Pepe : simplemente te mando un abrazo considerando que 1976 se viene degollando. Al menos para los que permanecemos en éstas planicies. Ya nos veremos nuevamente, chau el negro Fontanarrosa. Y allí donde seguramente se encontraron Pepe y el Negro habrán hecho de las suyas, cada uno por su parte, pero juntos dos grandes juergüistas. Para este « pequeño » gran hombre, de todas las artes reunidas (pianista, periodista, fotógrafo y siempre escritor), sufrir el infarto que le llevó la vida en ese departamento que alquilaba desde 1969, fue todo un drama para nosotros sus amigos incondicionales, con los cuales pasaba muchas tardes de café y charlas recordatorias.

Como por ejemplo contarnos como salió esa famosa foto del escritor Jorge Luis Borges en l’Hotel de la rue des Beaux Arts, en 1969 y que sirvió de modelo y ejemplo para la colección La Pleyade de las ediciones Gallimard. La última foto de Pepe se la tomó, sin saber por supuesto que era la del cierre de la vida del « pequeño gran hombre, el periodista y fotogrfo argentino, Gabriel Magnesio.

En las vacaciones de 1943 (14 años) en Unquillo, provincia de Córdoba, Pepe Fernández frecuenta a un tal Ernesto Guevara, que años más tarde será conocido como el « Che ». Son sus años de estudio de piano, que continuarán más tarde (1952) con Enrique Baremboim, padre de Daniel Baremboin

En agosto de1954, e invitado por Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares, viaja por primera vez a Europa, en el barco « Louis Lumière », y mas precisamente a París, donde lo esperan amigos entrañables, como lo fueron María Elena Walsh (su primera gran amiga a la que conoció en 1948 y la cual le escribió y dedicó « Zamba para Pepe »)(*) y Lalo Schifrin; vive en el 63 de la rue Saint André des Arts, en pleno barrio latino de Saint Germain des Près para mudarse posteriormente al 2, cour du Commerce Saint André des Arts. Muy cerca de donde estaba la imprenta donde Robespierre imprimía sus enflamadas proclamas revolucionarias y a metros de donde vivió el carpintero que construyo, alli mismo, la primera guillotina revolucionaria francesa. Trabaja en el guardarropa de « La Guitare », 14 rue Hautefeuille donde cantan María Elena Walsh y Leda Valladares, y conoce a Consuelo de Saint Exupery, la viuda del autor de « El Principito ». Vuelve a la Argentina en octubre de 1956. Durante casi 4 años vive y trabaja en Buenos Aires acompañando al piano a cantantes de la lírica nacional. Comienza a colaborar con la Editorial Abril como director de producción de fotonovelas. Sigue su amistad con Silvina Ocampo y Bioy Casares que alternan comidas con Jorge Luis Borges (1953). Sus bromas con Silvina en relación a la rigidez de Bioy y Borges eran hilarantes.

En 1963 regresa a París donde encuentra refugio en casa de amigos en el 40 rue Lauriston, muy cerca del Arco de Triunfo donde conoce a Jaime de Mora y Aragón, hermano de Fabiola, reina de Bélgica. Posteriormente se muda a la casa de su amiga Dominique Rozan (8, rue Castiglione, muy cerca de la Place Vendome) antes de encontrar un departamento en el 6 rue Damremont, cerca del cemenerio de Monmartre, con un piano, conseguido por Consuelo Saint Exupery. En 1964, este verdadero « saltimbanqui » vuelve a mudarse, esta vez al 4 rue de l’Anneau, muy cerca de la Sorbona donde conce a Italo Calvino y a Miguel Angel Estrella. Por segunda vez llega a visitarlo igualmente su hermana Nela y estudia acompañamiento piano/canto con Jane Bathori. Al mismo tiempo, y para poder vivir trabaja de cajero en un restaurante, « Le Maravedi ». Siguen las idas y venidas de María Elena Walsh, ahora acompañada de María Herminia Avellaneda. En 1966 conoce a Nadia Boulanger, la misma que aconsejará, años más tarde, a Astor Piazzolla de seguir adelante con el tango. Llega 1969 y su mudanza final: 28 rue du Four, esquina rue Bonaparte, allí mismo donde comenzó a trabajar como corresponsal, foto y escrito, para Editorial Abril. Llegan los años 70 y siguen viniendo Silvina y Bioy a los cuales les presenta a Italo y Chichita Calvino en una comida en casa de Calvino. Comienzan sus viajes, en tanto que corresponsal, y en 1972 encuentra a Pablo Neruda y Mikis Theodorakis, con el cual colabora en tanto que fotógrafo.

El año 74 tiene como tema : los viajes como corresponsal, esta vez de Editorial Atlántida : Rumania, entrevista con la doctora Ana Aslán. Entre tanto llegan a París sus amigos Manucho Mujica Lainez, María Herminia Avellaneda y María Elena Walsh. Viaja a Roma, Mónaco, y a Cannes para el Festival Internacional de Cine. Un año más tarde conoce a Guillermo Vilas en Roland Garros y luego sigue con los deportes: fútbol con el goleador Carlos Bianchi y Osvaldo Piazza y box con el noqueador Carlos Monzón. En esos mismos momentos llegan a París Jorge Luis Borges y María Kodama. Pasan los años y la locura periodística de Pepe Fernández no tiene límites: fotos del actor Paul Newman en Le Mans, con su amigo Germán Sopeña ; María Elena Walsh y Sara Facio, Patrick Dewaere; en Berlín Oeste, con la maravillosa Julie Christie y nuevamente un Festival de Cine, y antes de regresar a la rue du Four, un rápido paso por Londres. Los años 80 llegan a pasos agigantados y con grandes viajes : Túnez, España (Marbella, Valencia y Madrid, donde reside en casa de José Luis de Villalonga y Syliane. En el 84 le alquila su departamento de la rue du Four a Nathalie Delon, por dos meses y mientras tanto se va a Santiago de Compostela a cubrir la visita del presidente Raúl Alfonsín. En ese mismo año 1984 pierde a dos amigos: en marzo, Julio Cortazar y en abril a Manucho Mujica Laínez. En 1986 muere Jorge Luis Borges en Ginebra por quien tenía un respeto sin par, y una adoración como escritor. 1988 es el año en que cruza el « charco » de este a oeste. Es su primer viaje a Nueva York donde ve a su amigo, el pintor Ronaldo de Juan, el cual muere casi un año más tarde (21/12/89) en la misma Nueva York. Participa activamente con su talento fotográfico en la creación de lo que fue el « templo del tango en Paris », Trottois de Buenos Aires. Son inolvidables sus fotos de Rubén Juárez, el Sexteto Mayor, Susana Rinaldi, HoracioSalgán y Ubaldo De Lio. Su amor por la música popular de Buenos Aires lo llevan igualmente a participar, siempre con sus fotos, en 1984 y 1985, en la primera aventura de la revista TANGO, de Jean Louis Ducournau, y en la cual colaboraba el pintos y escultor argentino Ricardo Mosner. Se acercan los 90, años de cambios y regresos: en marzo del 91, luego de un exilio de 29 años, llega a Buenos Aires invitado por Guillermo Vilas. Se realiza una exposición de fotos en el Teatro San Martín y otra en Mar del Plata en la «Villa Victoria », la casa de Victoria Ocampo. Regreso a París en mayo donde sigue su carrera de fotógrafo: exposición de escritores en el bar literario del Hotel Trianón. En diciembre de ese mismo año 91 se realiza en Harrods de Buenos Aires otra exposición de sus fotos. En marzo del 92 regresa a la Argentina, nuevamente a casa de Guillermo Vilas, para retornar a la capital francesa a fines de mayo. En ese mismo año 92 se hace la exposición «El Universo de Borges » en el Centro Pompidou de París y se realiza una mesa redonda con la presencia de María Kodama, Jean Pierre Bernés, Françoise Rosset y Silvia Barón Supervielle, entre otros.

Luego de la muerte de su amiga Silvia Ocampo en diciembre de 1993, meses mas tarde fallece la hija de Silvina y Bioy, Marta. En marzo de 1999 muere Adolfo Bioy Casares. Consternación de Pepe Fernández. El año 98 lo marca para siempre. Sufre un infarto el 20 de diciembre y es operado de un doble bay pass, regresa a su casa en febrero, pero un mes más tarde sufre un edema pulmonar del cual se repone. Pero en agosto de ese mismo 1999 sufre un síncope por culpa de un médico francés que cometió un error. Lo salva el cirujano cardiovascular argentino, Juan Carlos Chachques. Los años siguen y se parecen. Las fotos y exposiciones de la obra de Pepe Fernández, sobre todo de las en blanco y negro de Jorge Luis Borges, son moneda corriente. El 16 de julio del 2004 cumple los 50 años de su primer viaje a París y siguen los recuerdos y los nombres de tanta gente que conoció, en tantas tardes de charlas de café compartido en su preferido, « Le Chais de l’Abbaye » (« la bodega de la abadía), rue de Buci y rue de l’Abbaye hasta el fatídico día del 16 de julio del 2006 en que su albaceas, Jean Pierre Lhande me llama para preguntarme si lo conocía a Pepe, ante mi respuest afirmativa, me da la triste noticia de su muerte dos días antes, mientras se duchaba. Y es a partir de alli que la estrofa final de la « Zamba para Pepe » adquiere su verdadero significado :

Cuando un amigo se va nadie nos devolverá todo el corazón que le prestamos, tanta compartida soledad. Un amigo nuevo no es lo mismo, Pepe, nos quiere por la mitad.

(*) Zamba para Pepe,

de María Eelena Walsh

Hace muchos años que te fuiste

y sin una lágrima te despedí.

Como el argentino de los tangos

te quedaste solo en París

y ya lo canjeaste por neblina

al sol de tu país.

Hace muchos años que te quiero

y hace muchos más que te olvidas de mí.

Dicen que no vas a volver nunca

y tal vez yo no vuelva allí.

Te veré una noche por Corrientes

esquina Rivolí.

Todo cambia desde que te fuiste,

ya los argentinos no somos así.

Estamos mirándonos por dentro

y olvidándonos de París.

De nuestras cenizas renacemos,

humanos a morir.

Quedan pocos de los que decían

que en este país no se puede vivir.

Ya bajo las manos del escudo

el palito ha echado raíz

y un montón de efímeros laureles

supimos conseguir.

Cuando un amigo se va

nadie nos devolverá

todo el corazón que le prestamos,

tanta compartida soledad.

Un amigo nuevo no es lo mismo, Pepe,

nos quiere por la mitad.

jueves

Zepol (Variaciones en torno a la desaparición de Jorge Julio López)

París By Night 11

PBN 11

Por Gabriel Magnesio

Especial desde París

El tercer chimpancé. Parmi les diverses espèces de primates que représentent les grands singes et l'homme, laquelle possède de loin le plus gros pénis, et pour quelle raison ? Pourquoi les hommes sont-ils, en règle générale, plus grands que les femmes ? Comment se fait-il que les hommes ont des testicules bien plus petits que ceux des chimpanzés ? Pourquoi les êtres humains copulent-ils en privé, tandis que tous les animaux sociaux le font en public ? Pourquoi les femmes ne ressemblent-elles pas à presque toutes les femelles de mammifères, en ayant une période de fécondité facilement reconnaissable et une réceptivité sexuelle limitée à ces journées?, se pregunta Jared Diamond.

Esta noche X. cedió al fantasma. Le gusta coger conmigo. Me miro con desconfianza. El hombre llego a la luna, titula Le Monde. Ella se tapa el rostro con la sabana. El duelo no tiene vuelta atrás. Exposición fotográfica en la Maison Europeenne de la Photographie: Laurent Van der Stockt, miembro de la agencia Gamma. Titulo: Our fellow man”. No sirvo mas que para mirarme en el espejo, dice X. Mira al techo, los ojos perdidos, no tiene sueno, no quiere dormir, me espera. Se mira al espejo. Tiene ojos de ninfómana. La orbita alterada. El calor la penetra. Su pelo crece cada mes un centímetro. Le Monde titula: Golpe de estado en Honduras. Liberation: Muerte del coreógrafo americano Merce Cunningham. Paso los dos días de pausa entre modelos, actores, cómicos, american gay fashion. Voy al baño cruzado por el alcohol. Al cierre del bar, fumamos detrás de las cortinas.

Seule certitude, la femme se distingue de toutes les autres femelles de singes par au moins trois éléments essentiels : l'apparition de fesses et de mamelles proéminentes, le camouflage de l'ovulation et une réceptivité sexuelle quasi permanente. L'homme, pourvu de fesses lui aussi, exhibe de surcroît un sexe extravagant : dépourvu d'os pénien, il pend librement au repos, et l'on n'en trouve pas de plus développé parmi tous les primates. Une "érotisation du corps" liée pour l'essentiel à l'acquisition de la bipédie, dont les conséquences pour l'humanité furent inconmensurables, escribe Catherine Vincent en Le Monde. Son las 2 AM. Me llama el franco chileno. Siempre tiene whisky en el baúl. Mi cuerpo en la oscuridad tiene el perfil de un bailarín contemporáneo acuchillado por un rock. Estornudo. Ese tipo de erecciones primitivas son señales de alerta rojo: caeré enfermo. Las salas de cine me aseguran la siesta refrigerada. Cartelera: Estrenos cinematográficos y reediciones de clásicos. The reader, de Stephen Daldry; Public enemies, de Michel Mann; Whatever Works, de Woody Allen; La Chinoise, de Jean Luc Godard; J’ai engage un tuer, de Aki Kaurismaki; Girl friend experience, de Steven Soderbergh; Apres l’Ocean, de Eliane de Latour; Signore & Signori, de Pietro Fermi; Taking of Pelma 123, de Tony Scott; Une journee particuliere, de Ettore Scola; Looking for Eric, de Ken Loach. Texto de apoyo: Cahiers du Cinema, Les Inrockuptibles. Novedades musicales: Oceana, mestiza oriunda de Hamburgo. Soul. Revista L’Histoire. Tapa: la Russie d’Ivan Le Terrible a Poutine. Nuevos ricos y la belleza de las putas rusas. Puntal Villa Maria titula: Iván Ferreyra dictara una clínica sobre nuevos lenguajes de la web. A Iván lo he visto desnudo. “En dépit de millénaires de divergences culturelles, ce qui unit le plus profondément les femmes et les hommes d'aujourd'hui, c'est la capacité à se séduire”, poursuit l'anthropologue. Loin d'être un acquis récent, cette universalité, à ses yeux, est la preuve de la "très grande ancienneté" des fondements de notre sexualité. Avec la nécessité de séduire serait ainsi née la soif du beau. Et quel meilleur terrain pour l'étancher que ce corps, où se concentre précisément l'érotisme ? "Dans ses transformations comme dans ses mouvements, le corps a sans aucun doute été le support et l'inspirateur de tous les arts", affirme Pascal Picq. Habits, parures, maquillages, danses ou vocalisations : la culture, à l'entendre, serait née du désir. Esta noche me asusto la italiana con ojos de pez y cuerpo de table dance. Pasamos tres horas juntos. Es abogada. Trabaja en un bar de los Champs Elysees. Insistió en tomar el mismo taxi. La despedí en pleno frenesí.

El domingo no tomo. Será por la borrachera de ayer. Me arrastre. Tome también el metro. Veía poco. La mezcla no me dio dolor de cabeza: litros de cervezas, whisky con coca, vodka de un desconocido. No me tiemblan las manos. Tengo el pelo sucio. No hay nadie en la calle. Hace frio. En el norte, los carteles de los sex shops siguen iluminados. En la vereda quedan las putas viejas con gusto a canos sucios detrás de las cortinas. Los fiolos apenas respiran a causa del tabaco. Los bares cierran. Los Mc Donalds siguen abiertos. Como un big mag en place de Clichy. Desde hace unas semanas cierro los bares o soy el último cliente de las epicerias. “Ser borracho es compararte con otro. El otro siempre esta cuando vos estas en el mismo bar a las mismas horas aunque no lo sabes”, me decía un borracho del Old Nevy. El big mag de Clichy me pone triste. Puedo limpiarme la boca y empezar a llorar... No hay amor, solo gestos de compasión, dice Roberto Bolaño, cuando se moría de a poco frente al mar. “Cette lecture de la sexualité humaine, récente et passionnante, s'appuie sur une observation attentive de ce qui existe chez nos ancêtres les singes, petits ou grands. C'est ce qu'on appelle l'anthropologie évolutionniste. Cette discipline est souvent confondue avec une autre, non moins intéressante mais souvent nettement plus empreinte d'idéologie : la psychologie évolutionniste. Laquelle postule par exemple que si les hommes, bien plus que les femmes, ont une tendance naturelle à multiplier les partenaires, c'est parce qu'ils produisent des millions de spermatozoïdes quand elles ne disposent que de quelques centaines d'ovules.” Se come las unas arruinadas. La extraño. Quiere ser top model. Limpia las mesas, fin del servicio. Lee la postal que le deje bajo el colchón. Llora sola en medio de la rue de Rennes. Tiene el rostro espeso. Es la grasa de la cocina. A esta hora solo podría acostarse con su vecino, un algerino petiso y calvo. Prefiere Tom Waits. - Ven a la cama, te acaricio el pelo. -No, aun me quedan 75 cl. de lectura -muestra la botella. -Pase gran parte de mi vida entre la parálisis y la angustia –dice.- Es abominable la obligación cronología. Por eso prefiero la mezcla de barbitúricos a respetar los hechos. -Si esta noche decidiste suicidarte, por favor no me despiertes -corro la cortina, me acomodo en posición fetal y fecal, escucho Leonard Cohen en la radio. -La diferencia entre el rico francés y el rico argentino es que el primero tiene en su biblioteca los tomos subrayados de Merleaut-Ponty, Breton, Balzac, Flaubert, Sartre; cogen con los maullidos de fondo de Birkin chupándosela a Gainsburg amparados por la laicicidad estatal –decía Juan Pablo, desheredado, etílico, derrumbado en el Pont des Arts. -Cuando lo cruzaba en la calle me decía que iba a almorzar, porque le daba unas monedas que gastaba en latas de mala cerveza de alto contenido alcohólico –dice el viejo peruano.

El peruano, mas de 70, es free lance de algo, pero nadie sabe de que. Prefiere definirse como pensador. Dice que lo desprestigian aquellos que lo definen como vago. Le faltan unas muelas y tiene una risa contagiosa y accesible. -Yo también soy pensador. Necesito otros 10 anos. Aun no se que carajo hacer –dice J.P.. J.P., de 50, parece un niño grande. Vive de la herencia engordada gracias a las vacas patrias de sus antepasados. El departamento, a metros del sena, esta cubierto de tapices, antigüedades y cuadros. Las milanesas están a punto en esta mesa posnuclear del exilio latinoamericano. El tercer chimpancé contra el falocentrismo del porno: Erika Lust, born in Stockholm in 1977, currently resides in Barcelona where she founded the production company Lust Films in 2004. She has managed to forge a name for herself as a producer, director, author and innovative feminist. Her first film “Five Stories for Her” won several international awards including “Best Script” at the Barcelona Erotic Film Festival in 2007, “Best Film for Women” at the Erotic E-Line Awards (Berlin 2007), got an “Honourable Best Mention” at the CineKink Festival in New York (2008) and “Best Film of the Year” at the Feminist Porn Awards (Toronto 2008). Hay árabes y negros frente al tabaco la Habana. La estatua, en el centro, sigue fea. En uno de esos departamentos fuimos felices. Terminamos contra el muro sin poder hacer ruido. Tapamos el grito. Fue sexo silencioso y mojado. Te dije que tenia visitas. Era mentira. Te preste un paraguas y me acosté a leer Malraux. Hoy conocí a P., una colombiana rica, heroína destroit, y sexual después de medianoche. Las piernas y las ventanas de su habitación se abrieron. Mi ropa quedo impregnada de cenizas. F. reapareció de su exilio newyorkes y fue expulsada de la discoteca por pequeños mercenarios con cara de estar en Irak. Los criterios de selección se inspiran en un manual básico de fascismo urbano. Los porteros, un grupo de cinco osos, son ex servicios secretos reconvertidos en porteros de los clubes mas prestigiosos de la capital. No perdonan. Dentro, las mujeres son definitivas. Es mas fácil desvestirse que hablar. Por eso leo poco. Erika Lust: “Her latest production BARCELONA SEX PROJECT, an outstanding erotic experimental film that delves deep into the personal pleasures of six gorgeous young people. Erika Lust, is also author of the acclaimed book “Porn for Women”. A. mira desde el Mc Donalds de Pically. Trabajo en fabricas. Cuando la conocí éramos tres en la cama. Estoy sola, dice. Apareció al final de mi servicio, pasadas la medianoche. Tenia puesto un jean ajustado que le resaltaba el culo y un cinturón ancho de cuero. 21 anos. Nos emborrachamos en el Old Nevy hasta las 5 de la mañana. Hace tiempo que deje de ser romántico y textual. No me interesa la historia del otro. Salvo excepciones o notas a pie de pagina. Me dijo que le gustan los feos. Su padre es cojo. Menos mal que siempre tengo botellas calientes en la valija o debajo del sofá. Me gustan las chambre de bonnes porque es como vivir en una habitación de hotel. Es fácil calentar o enfriar. Son practicas. Cuando se acumulan demasiados papeles el espacio te obliga a sintetizar. Tiene la dimensión humana de la supervivencia. No hay lugar para las obsesiones. Pasaron por mi habitación de hotel: Lily Allen, Artic Monkeys, Björk, Blur, David Bowie, Cat Power, Daft Punk, Gerard Depardieu, Pete Doherty, Roman Duris, Feist, Charlotte Gainsburg, Nan Goldin, Joey Starr, Wong Kar-Wai, Lou Reed, Snoop Dogg, Sonic Youth, The Strokes, Quentin Tarantino, The White Stripes, Angus Young. A., su amiga, organiza orgías parisinas.

A. participo en una. Cinco personas: tres mujeres, dos tipos. El relato quedo inconcluso. Ver mas en: http://www.five-hot-stories-for-her.com/. Santiago Gamboa, que lo crucé en el BDM, esta cada vez mas gordo o hinchado y feo. Tiene la piel arruinada. A. me despertó al mediodía. Estaba vestida. Encendí un cigarrillo y se me paro. Empezaba su curso de teatro en el Marais. Ver: http://www.erikalust.com/. Tambien: http://www.secondsexe.com/. Por la noche reincidimos: amenazo un nuevo plan a tres. Esta vez fue una belga, presentadora de televisión, de 30 anos. Pasamos por el Old Nevy. Terminamos en un depto cerca de los jardines del Luxemburgo. Compartimos un porro. Tiene que mudarse. Jugamos con los sextoys de C. –Soy un ángel. –No se si sos un ángel. En todo caso, sos mi ángel. –I love you. –Yes, me too, I like you. El elefante que estimula el clítoris no fue suficiente. Abrí el otro paquete. Un submarino vibrante que se perdió en su concha. No podía sacárselo. Vibraba dentro. Se reía nerviosa. Me imagine tomando un taxi hacia el hospital. Pudo sacárselo en el baño. Ayer apareció por el bar. Me espero sentada con un vaso de rosado que le llenaba a cada momento. Tenia la espalda derecha sobreactuada. Sostenía el cigarrillo como las primeras mujeres que fuman en publico, reivindicándose. Se olvido una pulsera. Dejo sus mocos en el papel higiénico tirado sobre la mesa. Cuando se sopla la nariz, se tapa los oídos. Hicimos un trato: se ofreció a limpiar mi habitación por una tarde guiada por Paris. Excluyo lo sexual incluido ni bien lo nombro. A. tiene la frescura de Kate Moss. Se anoto en una cadena de gimnasios distribuidos por toda la capital. Su modo de conocer gente es mover el culo entre los fieros y las duchas. Dice que esta sola. Folla por un techo. Anoche, en el primer piso de un bar, K., húngara, y A., belga, posan desnudas. Terminamos la noche sobre las tablas del Point Virgule, el teatro cómico de al lado. Baile, comedia musical, D. ilumino y musicalizo desde la cabina de control. D. y yo hicimos un mini show homo. Las mujeres cantaron. Corro la cortina. Suenan las gaviotas. Llueve. Las gaviotas escupen un gritito menos vigoroso. Me masturbo (http://nl.ifeelmyself.com/public/main.php). El sincope se confunde con la caída del agua. Mojado e insomne, me inclino.

miércoles

París By Night 10

PBN 10

Por Gabriel Magnesio

Sobre la cama quedan las sobras, un libro abierto boca abajo, recortes de diarios, lencería mojada, un CD partido al medio, manchas blancas. Los conflictos en el bar persisten. Las luchas internas, intestinales, se agudizan. Ataques, contra ataques, complots, cinismo, dinero. Ly Chen anulo su viaje a Camboya porque su marido tiene un pelo encarnado en el culo y tienen que internarlo tres meses. A. me confirma su despotismo. Mesa 201: Belén, rubia, 35 anos, carnívora, actriz. Mesa 3: un dandy pop, adolescente, anteojos Ray-Ban: -Un jugo de naranja exprimido, por favor. –Solo jugo en botella. –Entonces una copa de champagne, por favor. La complicidad se juega en las copas. Poco importa si son expatriados o insomnes, tienen las unas sin brillo, arqueadas. El rictus en los labios, huelen mal. Al cierre, tomamos vino y fumamos cigarros negros. El humo es denso, los pulmones se irritan. W. sigue con sus gestos de falso tímido. Estoy acá, en directo. Tengo que correr. Cortarme las unas. Lavarme el pelo. El chileno toma güisqui y conduce por el boulevard de Clichy. Todo se cae pedazos. Abro una lata sin antes limpiar el borde. Como maíz que mezclo con vinagre balsámico que acompaño con pan sueco. Voy al baño. No siento la mugre. Me baño. Tiro la ropa en un rincón. Esta asquerosa. Vuelvo mirando el techo. Me siento. Tengo acidez. Debería acostarme. Transpiro, me duele la garganta. Preparo un vodka con manzana. Llamo. Dejo grabado un pedazo de canción. Se que tiene el teléfono apagado. Le duele. Esta bien. Durante meses pensé que mi pija era una botella de cerveza. Terminaría, igual, borracho en la cama con dos desconocidas tan o mas borrachas que yo, sin saber cuando nos sacamos la ropa. Amanecemos desnudos con las piernas cruzadas y un fuerte olor a cigarrillo mojado y sudor. No se en que barrio de Paris estoy ni donde esta el baño. El depto es de la productora inglesa. La coreana creo que es su novia. No tengo aliento. Respiran en la cama formando una nube. Abro la heladera. Me sirvo una 1664. Enciendo un cigarrillo. Las miro. Les saco fotos. Me acerco con el objetivo y una de las cuatro manos me agarra la cintura. Cogemos unos minutos mas. La inglesa se baña y me despide. Tiene un día ocupado. Solo me quedo con la asiática. Todavía no retuve su nombre. Solo habla ingles. No queremos contarnos nada. Sigue durmiendo. Abre las piernas y con el índice se masturba. Take de photo. Ninguna sorpresa. Me la chupa. Es suave y falsa y terrestre. La sonrisa se corta con la eyaculacion. Tiene la cara pintada de polvo marrón. Se ordena el pelo frente al espejo. Los espejos y la copula, decía Borges que de coger ni hablar, son abominables, porque multiplican a los hombres. Estoy borracho, ciego, horizontal, miro desde la ventana de un taxi. El pan sobre la mesa durante el postre es imperdonable, me dijo. Sirvo un vaso de vino al ingles. Es el proveedor de Hermes. Se fue a criar ovejas en las estepas de Mongolia. Mejor que terminar en una clínica gris en los suburbios de Londres o Paris o plantarse frente a Picadilly Circus rezar Daimukus comprar en H&M o despreciar a Kaurismaki. La discusión, Kaurismaki, enfrió la erección. El sexo hecho texto. El texto frente a un auditorio hambriento. El orador anima el festín. Sus ojos tuvieron tanto miedo que manejan al auditorio en celo. Las mujeres envidian la suerte de la recién llegada. Escuchan y nace un héroe. Relato la noche después de la apertura del festival de Beethoven en la antigua capital alemana, Bohn. Muerto en el vagón, la voz anónima me despertó en Koln. Tomo el ascensor. Séptimo piso de un hotel para congresistas. Limpio la habitación, lloro, voy al supermercado, me di excusas, te di plata para un taxi, vomite en silencio con la garganta cerrada, hubiese querido pasar esta noche con vos, tenes nuevos libros, no contesto a tus mensajes, te excita la tensión narrativa, soy un perro, paso una semana del viaje a London, el martes pasado a esta hora mirábamos a Pete, hoy a esta hora todo nos separa, postergo el precipicio a la proxima cita, tomo tu discurso sexual pero me duele cuando salís corriendo, oigo tus tacos por el pasillo, corres a buscar un taxi, tenes nuevas revistas que ordenas por fechas, tenes horarios que cumplir, no te gusta tu trabajo pero aceptas invitaciones a conciertos, vernissages, le mentís a tus padres, yo estoy muerto, no quiero la elegancia, esa discapacidad para suplicar, los hechos serán palabras que se harán palabras que se harán nuevos hechos que… A esta hora una semana antes hacíamos el amor contra los muros de Nothing Hills, una radiografía del sexo texto, dormís con tus santos, la maternidad, la culpa como salvación, como el derrame de tu pasión exigua o las ganas de salvarte por el camino de... A esta hora te fotografiaba junto a Bamby. Hablabamos de Marc con emoción, heroína cristica crucificada en una cruz de hierro y acido. No me masturbe por vos. Me puse lindo, me pensé agradable. El asco de sentir las manos atadas. El cuerpo amargo, la presencia invisible del monstruo en el pasillo. Me lave los dientes. Arregle mi habitación, pase la aspiradora, tengo muebles nuevos que quería mostrarte como trofeos de mi bienestar. Y vos que apareces afuera de una estación de Londres, me saludas, o aceptas mis fotos por un momento, vos que aceptas viejos amuletos, que decidís que comer porque es mejor para mi salud. Nos pienso en el supermercado y me estrangulo en las góndolas. A tres estaciones de nosotros, a tres en el quai numero tres, Torino, sentada sobre el bolso, el pelo atado. Me decís que no tenes mas plata, te la gastaste en teléfono y dentista. Los dientes que te lo pague la seguridad social. Con quien hablaste? Pasaste horas contando tus nuevas aventuras o recapitulando la ruptura. Sabes, tengo una biblioteca y un ropero. Pasaras navidad en familia, recibirás regalos que no te gustaran... La navidad pasada miraba el puerto donde naciste, donde fuiste al colegio, donde odiaste, donde cuidaste a tu abuela, donde viniste a buscarme con la mano, donde se ve la ropa colgada en los balcones. Mas aun: Paris paralizado por la huelga, la amputación del lunar, la noche en la rambla de Barcelona, Génova, Formentera, no sabia, me acercaba, festejaba tus obsesiones, empujaba tu silla de ruedas por las rampas de Madrid, cuidaba tu fiebre estética, evitaba insultar a la Madonna, verificaba hasta la resignación la llave del gas y la fecha de vencimiento. Esa noche dejaste plantado al hijo de Patti Smith por mi. Rachid organizo el encuentro. Te fuiste a medianoche. Patti no llego. En el taxi pienso una frase: sos para mi lo que Rimbaud es para vos. Jackson la invito al hotel. Ella prefirió encontrarse conmigo. Llego 4 minutos tarde a la esquina de Bastilla, rue de Lappe y rue de la Roquette. Nos peleamos a los gritos. Rompió en un ataque de nervios. Terminamos en el único bar abierto bajo la Bastilla. Me beso con amor, la bese con los labios. Su mano es su mano. La mía es a veces mía. Tomanos unas cervezas y un taxi. Indique las dos destinaciones: St. Germain des Pres y Place de Clichy. Me da plata para el trayecto completo. S. dice que soy su capricho. Ella dice que me ama con locura. S. dice que es mi mama. Ella dice que la protejo. S. dice que… Ella dice que… Jacques no esta apurado pero quiere morir con dignidad. Es agnostico pero le gustan las iglesias. Quiere vivir unos diecisiete o dieciocho anos mas. Los cuadros de las iglesias, dice, están gastados. Esta solo. Si llueve, se moja. Dios. Tiene nuevos zapatos. Made in Italy. Los compro en Barbes. Baratos. Son una mierda. Vida útil: 2 meses. Solo hago eso, dar vueltas. Toma el café chez un Italien que le dijo algo que lo hace reír. No entiende. Pero dice que nunca se caso. Decide que no. Repite que los cuadros de la iglesia están gastados. Le gusta la una iglesia de la isla St. Louis. A los 80 anos? Se ríe, mi abuelo predilecto, entre insultos y golpes de cerveza, de Sibelius, Pastoruis y gangrena. La puerta se cierra, golpea. Pero, dice, al menos tenes un chez toi. Un lugar donde la valija descansa. Si es música de iglesia ponele la cruz, no quiero a Bach. Cargo las pilas del discman en el Macdonals de Saint Michel. Son una mierda. Duran dos horas. Llueve. Me mojo. La lluvia me cae encima. Depuis les annes que je suis dans la rue, me mojo como un idiota. Deje de fumar cigarrillos de modo radical. Dos paquetes diarios. Me hacían toser. Je prefere les cigarres. Buena calidad. Los cigarrillos son una mierda. Destapa una lata de cerveza. Tira al piso el primer choro para limpiar la abertura. Toma despacio. Paragua? No quiero. Los paraguas son para la gente que tiene casa. Sin techo, voy a parecer un idiota con un paraguas. 04h21. Un ticket de metro te puede salvar la vida. Demasiado tarde. Si Juan Pablo hubiese vuelto a su squat en los techos del a marche Saint Germain no estaría muerto. El ultimo punk del barrio caía sobre la vereda. El golpe del polaco lo mato. Conocía la vereda. Cada línea. Su cuerpo quedo en la morgue de Paris. Nadie reclamo al difunto. Mi foto, una vez mas, fue el epitafio de un entierro discreto. Al final, su estilo era precursor. Inspiro a los cazadores de modas parisinos. Punky de la calle Corrientes y de la rue de Seine, exhausto de ser el primero. El pakistaní que vende jazmines me mostró su nueva dentadura. Gratis. Feliz. Me anuncia sus nuevos dientes con la misma emoción con la cual me mostró su legalidad (carte de sejour). La misma satisfacción de la modelo improsivada y ucraniana que respira cuando toma el metro con dirección al aeropuerto donde un vuelo a N.Y. la salvara de las obsesiones republicanas. Las sirenas se habrán olvidado de vos. Te quiero vendendor ambulante de jazmín químico con dientes rehechos y soledad a toda prueba lejos de tus cuatro hijos creciendo entre las sirenas de Islamabad. Igual, de todos modos, amanece con las gaviotas que confunden el sena con el mar. Chambre 46. Paris en julio. Invasiones americanas. Acento quemado por el sol y masticado a lo texano. Rubias con tetas infladas. Los parisinos pobres se las cogen por el culo. Son vírgenes y católicas. Se cuidan antes del casamiento. Tienen tatuada la tour Eiffel en el culo. Toman vino frente al sena. Se aburren, fáciles. Carol, 34 anos. Subo a su habitación del hotel la Louisiane, amante de Tarantino, al lado del bar. La conocí una hora antes. Le serví un café. Me sonrió, le propuse tomar algo después del servicio. Me anoto su numero de habitación. Subí las escaleras. Fin de semana en Paris. Sola. Manana viaja a Londres. El pasillo esta vacío. Es angosto, el techo bajo, la alfombra es gruesa. Toco su puerta. La miro. Le doy la botella de vino. Me pide que fume cerca de la ventana. Me siento en la cama. Tomamos. Me levanto. Me baja la bragueta. Se la mete en la boca. Escupe, la lubrica. Sexo anónimo, silencioso. La consagración funcional de la errancia nocturna. Sin mujeres borrachas que de todos modos no cogere, como buena mujer histérica y ficcional que soy (en los últimos meses solo hablo o toco mujeres borrachas). El riesgo es escuchar un “viva Fidel” en pleno éxtasis etílico de la boca de una texana deprimida. No meto ni penetro. Opto por jugar con las manos y la lengua. Noches donde mi boca, a veces, es un recipiente de salivas anónimas. Y larga un oh baby oh baby. Es casi media noche. La luz del baño esta prendida. Es 14 de julio. Explotan los fuegos de artificio, baby, en su boca. Me limpia con la lengua. Se escucha desde la ventana las americanas que pululan en los bares o en la puerta de los hoteles. El que me vende la droga esta en un almacén sri lankes. El tipo no habla. Huele a especias. Tiene cicatrices de la guerra de allá. Son tamules. Hay afiches del General y del finado líder político. Es grande, de espaldas anchas, barba blanca, seguro de si mismo. Sus hermanos vendedores de rosas se pasean con luces en la cabeza. El negro es un asistente improvisado y anónimo. Me reconoce, festeja mi llegada. Me llama senor K. Me preocupa. Recorro las cuatro cuadras. Subo las escaleras, las botellas. El departamento esta congelado. Me siento con lo puesto. Miro la tarjeta que me dio un tipo en el bar: dirección, nombre y apellido. Profesión: Pensador. Epitafio: de la concha a la tumba, sin escalas. No me muevo y tengo hambre. Me hago la paja, pienso, y voy a la cocina a buscar una lata de conservas.

domingo

París By Night IX

PBN (Paris By Night) 9

Por Gabriel Magnesio

En el subte dejó pasar dos trenes y se metió en otro justo cuando cerraban las puertas. Tuvo que viajar de pie, apretado entre un albañil polaco y una mujer que leía el Ojo de la Patria, de Osvaldo Soriano. En la estación Sebastopol hizo un cambio inútil. Al bajar en Clignancourt, se apuró entre la multitud para acercarse al quiosco. Le gustaba tomar café con varios diarios elegidos al azar: Herald Tribune, Corriere Della Serra, la Vanguardia, The Observer. Remontó la cuesta de la rue Custine hasta llegar a la pensión. Lo esperaba su huésped que había conocido en la calle. José era Don Quijote, no por nada nacido en Alcalá de Henares. Fue torero precoz y contador de historias. Abandonó los toros para mudarse a París. Tiene la barba negra sobre una piel blanca transparente. Las manos frágiles y afiladas. -Cristo flaco, herido a la altura de la costilla derecha, con sangre que le chorrea por el cuerpo y la piel de color gris y marrón. Detrás de Cristo, sobre el portal, los santos, el escapulario, la alcancía, los candelabros cuyos sirios prendidos me quemaron la yema de los dedos…-interrumpe Carré para tomar un trago de la botella-. Podría ser una alucinada película de Tinto Brass cuyo título, Sexo en las nubes, reemplazaría al de Capilla Sixitina. La pintura es una orgía celestial separada por jaulas: mujeres desnudas redondas, cuerpos masculinos marcados por los músculos, entrelazados en las nubes a punto de desprenden del techo y del pincel de Miguel Ángel. Los rostros son de placer y penitencia –transpira. Me cuenta su primer día de trabajo: “Esta noche al cierre escuchamos Molotov. Mi responsable dijo que fueron censurados en México con x. Me habló de la corrida, ritmo tradicional del norte de México, que sus letras cuentan el vínculo del narcotráfico con la policía y el gobierno. Los músicos se visten con pantalones con flecos y sombreros de cowboy. Pero desde hace un tiempo sus cantantes estrellas son asesinados”. Llama Alice con un buen plan: una party en el hospital St. Louis, metro Goncourt, detrás del cementerio Pere Lachaise. Un amigo paso a buscarnos junto a dos amigas. Cruzamos la barrera de seguridad. Se escuchaba la música. Como un incendio. El parking era oscuro. El edificio estaba en llamas: abandonado, mucha gente, luz morada. Las mujeres bailaban en las ventanas sin vidrios. Carrie fuma y la colilla del cigarrillo armado queda manchado con sangre. La mañana del funeral fue gris y destemplada. Carré llevaba un sobretodo viejo y un sombrero de fieltro para protegerse de la nieve. Asistía a su propio funeral. Según el epitafio, Carré murió en 1910. Se veía un montículo de tierra húmeda con una cruz de madera ordinaria. Entre los cuatro desconocidos que rodeaban el ataúd había una rubia vestida de negro. El cura, los velos, las flores, la plegaria, la arboleda, los sepulteros. Los chicos cantan frente a la tumba de Morisson. Su entierro era tan insignificante como el de Oscar Wilde, que tenía una estatua al fondo del sendero. Cerca, dos viejos limpiaban el cantero y arrojaban flores marchitas en el cesto de basura. -Cuando llegue el día yo le voy a dejar un mensaje en la tumba. Usted vaya a ponerse flores todos los días y un día se va a encontrar con la orden. Va a haber un busto suyo, lápida de mármol, una placa, todo bien hecho -dice. Miraba el fondo del vaso. Pago y se fue a la pensión. Subió al último vagón del subte y se durmió recostado sobre un borracho. Era navidad. La luces de las vidrieras móviles de las galerías la Fayette, los carteles de la publicidad de YSL con Olivier Martínez de torso desnudo vendiendo el perfume L’homme, los clochard de St. Lazare y las guirnaldas rotas sobre la nieve derretida. En los tensos días de espera Carré empezó a visitar su tumba. Desde lejos, mientras paseaba por los senderos del Pere Lachaise, vio construir la bóveda y pulir el mármol de su lapida. Una mañana colocaron una placa con el epitafio y por la tarde, cuando todavía no se había recuperado de la emoción, llego el busto de bronce. El busto estaba lleno de embustes halagadores y las fechas de su nacimiento y muerte eran falsas, pero la estatua se le parecía tanto que al verla le pareció estar frente a un retrato. El escultor lo había diseñado de tal modo que, por cualquier parte que llegara el visitante, los ojos de Carré lo miraba fijo, con la severidad de un patriarca. Al recorrer los floridos senderos del Pere Lachaise encontraba difuntos satisfechos, cubiertos de flores y epitafios ingeniosos. Envidiaba la suerte de Jim Morrison que tenia una cámara filmando su tumba y mucha gente que iba a rendirle homenaje. Carré trataba de descifrar las pintadas que los chicos escribían de noche sobre bóvedas vecinas. A veces, cuando escuchaba que le cantaban The end, se escondía detrás de una tumba a seguir esos versos que tanto lo conmovían. El Pere Lachaise es un parque del tamaño del Estado de la Ciudad del Vaticano, el país más pequeño del mundo. El sumun de la ficción contra la descomposición biológica del cuerpo. Las lápidas confirman sádicas el mundo de los vivos. La muerte tiene forma de piedras cubiertas de musgos. Los paparazzis satisfechos: una fiesta de famosos. Carré desde entonces empezó a perderle miedo a la muerte. Todas las mañanas limpiaba el busto sucio por la caca de los pájaros y le dejaba una propina al jardinero para que no descuidara las flores del cantero. Traía restos del almuerzo para darle al gato que dormía sobre su lápida y seguía camino para compadecerse de Oscar Wilde, que a la hora del entierro estuvo tan solo como él. También visitaba a Balzac, Chopin, Saint Simon. Su misión era ser el ojo de la patria en la puerta del infierno. Por las noches vivía a sueldo en un hotelucho sucio de St. Sulpice. Su vecino, Jim Morrison, fue sepultado en silencio el 7 de julio a las 9 am. Jim entro en el reino de los poetas y escritores que admiraba: Apollinaire, La Fontaine, Proust y Oscar Wilde. El cortejo se detuvo en la sexta división. Solo cinco personas asistieron al entierro: su compañera, Pamela Courson, su secretaria, dos amigos francés y su representante. Sin cura, el entierro no duró más de 10 minutos. Al día siguiente los diarios anunciaron la noticia: “Murió Jim Morrison”, de una crisis cardíaca. El médico dijo que el cuerpo era de una persona de más de 50 años. Esa noche recibió una dosis pesada. Su amigo el conde Jean de Breteuil, novio de Marianne Faithfull, le dejó un paquete con heroína de Marseille de alta calidad. Jim quedó inconsciente en el baño del club Rock and Roll Circus, rue de Seine, distrito 6. Dos dealers trasladaron el cuerpo al departamento del músico en la rue Beautreillis. Pamela seguía colgada. En otro punto de la ciudad, Carré escuchaba las historias de su huésped. “Una colega me contó que la noche anterior estaba caliente. Engancho un tipo por internet y se lo cogió. Tiene tatuada en el culo la Tour Eiffel, es texana, bailarina de music hall, y esta tarde me la chupó en el baño. Mientras se limpiaba la boca me explicó que tiene calores incontralables que solo el sexo apagan”. Carré se quedó dormido vestido en el sofá. La pantalla de la mac le iluminaba el rostro. La ventana estaba abierta, el cenicero sin mojar quedo lleno de colillas calientes. “Se ilusiona, cuenta los detalles. El efecto dura unas horas. La euforia deja paso a la depresión y los tics. Cuenta cuánto y cómo se la chupó, cuánto y cómo se la puso por el culo, dice que lo cogió lo suficiente para que no la deje, pero cada vez es lo mismo. Es linda cuando esta desesperada, casi siempre. Como me dijo X, un hombre seduce cuando es lindo pero sufre en silencio. Tengo ganas de vomitar -dice a Carré-. Esta tarde aprendí a sostener la bandeja, despejar una mesa, mientras pensaba en la cantidad de dinero que gaste en citas inútiles –el ex torero se rasca la piel, sobre todo el pómulo derecho. Carré está enterrado mientras duerme en el sofá. En cambio ninguno de ellos descansa en el Pere Lachaise: Edward Baer, Hedi Slimane, Olivier Martinez, Francois Weyergans, Jacques Chirac, Julie Depardieu, Mike Tyson, Jorge Forbes, Cecile Cassel, hermana de Talia, Kilie Minogne, Raúl Paz, Pierre Arditi, Julie Delpy. Jim erraba sólo por St. Germain. Era un poeta de barba larga con olor a güisqui. Tenía puesta la corona de espinas, los parpados negros, la belleza intacta, la bragueta abierta, la agresividad frágil y el pulso sincopado. Según ciertas versiones, Morrison fingió su muerte y estaría en África como su amado Rimbaud. Carré se despertó. Se sirvió un vaso de agua y encendió un cigarrillo usado. Cerró la ventana sin antes, por reflejo, mirar la calle. -Estaba en Londres. Trabajaba como camarero en un pub. Mientras atendía a una clienta, mire el diario. El titular decía: "Golpe de Estado en Argentina". Era triste cumplir horarios. Mis colegas después del trabajo se encerraban en sus habitaciones a mirar televisión y a fumar hierba traída de Marseille. Recién llegado, me sacaba el delantal y me tomaba un taxi negociado, dueño de la narración de una noche que desconocía. Un cliente de última hora me había dicho que eran necesarios siete años para ser parisinos. Querés un café...? No te preocupes, el despertador está siempre clavado a las 14hs 45. Sabés..., hace un tiempo me dejó. Una mañana me quedé en la calle con una valija en la mano, sin mujer, techo ni gato. Durante unos meses tomé centenares de litros de cervezas y menos de vino porque es mas reflexivo. Me preguntaba cómo mi cuerpo aguantaba. A veces por la mañana tomaba agua para limpiar. Por la noche seguía. Pero estalló la huelga de transportes y el invierno registró las temperaturas más bajas del año. Pasé la huelga con la boca herida. Los taxis, la lluvia, la madrugada, los tacos que corrían por el patio interno y se apagaban. Mi boca quedó en desuso, en huelga, dolorida, sin poder moverse. Me salió un herpes debajo del labio que se multiplicó. Dentro de la boca se abrieron heridas. Cortes que me dolían cuando caminaba. Salieron aftas debajo de la lengua y alrededor. Sin contar el dolor de muela. Dejé de comer sólidos. Inicié una cura de jugos naturales: pera, manzana, zanahoria, repollo, uva, naranja, tomate. Gasté 100 euros en remedios: desinfectante bucal, pastillas homeopáticas antiafta, crema para el herpes, vitaminas súper energéticas, antiflamatorios para dolores dentales. La boca herida provocó fiebre alta. Por la noche me cambiaba hasta dos veces la remera mojada. Antes de dormir tomaba una pastilla para distender los músculos que de hecho era un fuerte somnífero para los dolores de lumbago o un ansiolítico disfrazado. Las heridas de la boca parece que se cierran pero ahora tengo fuertes ataques de acidez en el estomago. Será una gastritis nerviosa. Antes la gente a los 30 se moría de gastritis. Los nervios quemaban el estomago y las negociaciones estaban estancadas. La huelga seguirá. París esta paralizada. Los trabajadores pobres, inmigrantes, se quejan del derecho a la huelga del estado benefactor socialista. Se olvidan que es ese estado que le concede las visas o las ayudas sociales. Los trabajadores caminan horas para llegar al trabajo, esperan horas para tomar el único bus o metro o tren que tal vez pasará. El herpes con un mal movimiento explota y la sangre cubre el labio. Pasa dos veces por día. Cuando tenía 14 tomaba jugo de repollo todas las mañanas para curar una úlcera del duodeno. Compré unas pastillas contra la acidez, brullure d’estomac. Sólo una línea de subte funciona: la 14. No tiene conductor. Camino hasta St. Lazare. Tomo el subte hasta Chatelet y camino hasta St. Germain. El tabaco tiene en mi boca un gusto viscoso. El alcohol, los nervios, la depresión, se acumulaban en el espacio reducido y simbólico de la boca. Es como no tener piernas. La dejo cerrada. Evito los movimientos. El mas mínimo me provoca dolor. Tengo hambre pero no puedo abrir la boca. Como con la nariz. Huelo. Si tuviese tendencia a la calvicie, estaría pelado, hasta que salí a comer el primer kebap, en la calle y en su mugre. “Carre cuando estaba vivo almorzaba en los comedores universitarios.” Hizo correr el agua de la bañera y esperó a que se llenara sentado sobre la tapa del inodoro. Un gusto ácido empezó a quemarle la garganta. Las piernas se le aflojaron y fue postrándose hasta quedar de rodillas como cuando esperaba su turno en el confesionario. Carré escuchaba a Offenbach, y se sumergió en el agua bien fría, hasta quedarse dormirse. Pensó en su amante trasnochando en un bar. Carré expulsado por la red, muerto y sepultado, se despertó con Jim Douglas Morrison tatuado en el brazo.

viernes

París By Night 8

Por Gabriel Magnesio
Ni en la insensatez de la perfección de la mujer que, mediante la perfección, ha cruzado la frontera del sexo y ha pasado al signo menos, ha pasado al rojo, como la electricidad, como la energía mental de los hombres, como los programas de paz, como el amor por la radio -escupe Jacques, escupe cerveza e insultos. “Si alejarse del sol,cuerpo de carne y sangre, es llegar a la fría idiotez de la luna, en ese caso, claro, el síndrome del triste es la duda”, se saca los auriculares. “La locura es calida cuando hay hambre, mon cher, los hechos se imponen por su propia fuerza”, explota la carcajada, busca en el suelo su dentadura o algún cigarrillo aplastado. Agenda: LaFlèche d'Or (102 bis rue de Bagnolet 75020 Paris). Club indi electro rock del este. Caroline es flaca, de ojos claros y líquidos, de pelo muy corto. Claire tiene labios carnosos, la nariz colorada. Me ofrece cocaína y dice que Manu Chau fue secuestrado esa misma mañana en Colombia. Se raya: “j’ai envie de toi” o “attention, je tombeamoureuse des photographes”. La reconocí: la protagonista del primer destape dance de la noche: montaña maciza, ojos claros, verdes, azules. Le aburre su trabajo: algo relacionado a los impuestos. Me pide algo para tomar. No tengo plata. Le digo que no. Que es mas caro que el reflejo de la puta. Me cuenta que coge con un vietnamita tresveces por semana. Le Bataclan (50 Boulevard Voltaire 75011 Paris). Sala de conciertos y club de música electrónica para lesbianas. El single de la noche: «Fait moi l’amour». Le Couloir (108, bd de Rochechouart 75018 Paris). Bar angosto. -Este trabajo es duro -dijomientras se subía la bragueta y servía cervezas a sus chupadoras/es. Una de ellas se gana la vida de ese modo. Su boca senegalesa le da de comer a ella y a los suyos, varados en Africa. El dinero lo envía por medio de la empresa Moneygram: transacción de dinero internacional. A partir de 8 euros, el destinatario recibe el monto en sólo pocosminutos. La empresa tiene sus redes en los siguientes países: Senegal, Pakistán, India, Bangladesh, Nepal, Sri Lanka. Vietmán, Tailandia, Laos, Camboya, Indonesia, China, Turquía, Filipinas, Colombia, Ecuador, Bolivia, Chile, Perú, Haití, Maruecos, Tunes, Costa de Marfil. Los formularios son complicados. Los clientes, en su mayoría,no saben ni leer ni escribir en francés. Un formulario traspapelado dice: Elodie Ogbony de Cotonou, Benin. Le Cab (2, place du Palais Royal 75001 Paris). Referencia Chic & Glamour a metros de la antigua residencia del Rey. VIP: "Le fric c'est chic !". Botella de vodka: 280 euros, servida por Brenda, una americana de plásticos 40 años tetas rehechas. Esa noche W. me introdujo a las drogas: una especie de Roellinger resulta ser muy poderosa. Nos pinta la risa del masis. La Peña Saint Germain (3, passage de la etite Boucherie 75006 Paris). Caverna chic y apretada de música latina. El cartel diría: europeas buscan caderas colombianas y clandestinas para follar. Inglesa declásico látex negro de dominatrix sado, a punto de divorciarse, le tira el pelo a un peruano que prefiere el ballenato con la noruega. LeRex Club (5, boulevard Bonne Nouvelle 75002 Paris), mítico templo de la escena house electro de la capital. Dj: Laurent Garnier. La australiana habla de canguros y se va al baño. Se arremolina con un black. El portero me pide la autorización para sacar fotos. Meacompaña a la salida. Regreso con la cámara en la espalda. Pido un vodka tonic. Suena Laurant Garnier, la negra se abre de piernas. Los cuerpos histéricos se mueven hechos de agua mineral y del rebote del buen éxtasis. J. me planta una botella de Montepulciano con dos vasos. Salgo a fumar. “Te a acomodé una irlandochina”. Me siento y lo primeroque dice: “Dormí una hora en dos días. “Yo también”, sugiero. Hablamos de la sensación diurna y sus piernas. Me costó 18 euros besarla en le Ponts des Arts. Esta tarde, al frente, Simón Pérez estuvo en la Academie Francaise. Vasto despliegue. “Es extraño reencontrar mi soledad, gracias por la noche y el dulce despertar”, dice el SMS. El Pink Paradise (49, rue Ponthieu, 75008 Paris). Club de strip tease glamour, creado por David Guetta. Tradición anglosajona del table dance a la francesa: desnudos acrobáticos, atletas del pole dance: “El amor imaginado es mucho mejor que el amor vivido. No pasar al acto esmuy excitante”, decía Andy Warhol. Sigue Jacques: En esa época –se seca la transpiración- las casas tenían un estilo centro europeo. Eran residencias con espacio, que a mis ojos se traducía en lujo. Casas pensadas por burgueses. Jardín, tres pisos, piedra sólida, calle no transitada. Espacio para estacionar el auto o las carrozas. Serespiraba navidad –cuenta. “Je suis toujours a cote de moi.” El trabajo le impide, durante ochos horas, tomar alcochol y fumar. El resto del tiempo duerme y toma con humo. Se lamenta: “No tengo mas papel para fumar”. Usa unos de publicidad. El gusto es seco. Se pegan en los labios. “Cuando me quedan los últimos tragos de cerveza los completo con aire o me pongo a llorar”. Acelera: La noche de nuevo, la noche incalculablemente desierta, fría, mecánica, en la que no hay paz, ni refugio, ni intimidad. La inmensa y helada soledad de la multitud de un millón de pies, el fuego frío y superfluo de laostentación eléctrica –dice. Agenda: conferencia de prensa dedicada al día mundial de la sensibilización a la acción contra las minas. Un funcionario del ministerio de asunto exteriores reparte el dossier de presse. La páginas desfilan en la pantalla: bbc, rfi, ansa, dpa, afp. Una depeche de afp reporta sobre Philipe Starck. La segunda queretengo se ocupa de la reunión en Bucarest sobre la posible inclusión a la OTAN de Urania y Georgia. Especial: Patti Smith es la redactora en jefe del diario Liberation. -Esta noche hace mucho frío. Prendo las pocas luces que funcionan para calentar. Evito prender el gas. Creo menos en lo que hago. Las botellas de vidrio son parte de miconstrucción del espacio, como si girara entorno a ellas, sin pensar en la desafección ni en los escalones imaginarios ni en la insensatez de la perfección de la mujer que, mediante la perfección, ha cruzado la frontera del sexo y ha pasado al signo menos, ha pasado al rojo, como la electricidad, como la energía mental de los hombres, como losprogramas de paz, como el amor por la radio -escupe Jacques, escupe cerveza e insultos. Henry Miller disfrazado de Jacques, de traje, sombrero, mal olor. “Love is love. Life is life, le dije. Sabes que me contesto? For me, love is life. And life is love”, se retiene, frena…silencio. “STILL LIFE”, grita su risa sentado sobre la valija con rueditas.

martes

París By Night VII

Textos y Fotos de Gabriel Magnesio Noche de París

Traje un psicópata a mi habitación. No me gusta dar mi dirección. Ni indicar mi lugar de trabajo. Menos aun traer hombres. Solo tomar el riego con mujeres. J. esta noche tuvo un ataque de nervios. Rompió unas copas contra el piso. La Fleche d’or programo una fiesta lesbiana. Dos me presentaron a su amiga hetero. Una mulata espigada con pelos en la cara que me miraba. Preferiría estar en Wemblay: «…as rumours of a return for Kate Moss to the Babyshambles fold buzzed around Wembley Arena, the foursome simply got on and worked their magic. ... ». Pongo el disco de Phoebe Killdeer and the Short Straws, Weather’s Coming.... Ella vive en Londres. Le cuesta pero ensaya. Su grupo obtuvo unas fechas europeas. No ganan dinero pero tampoco pierden. Viajan en camión. Duermen en hoteles o en fábricas desocupadas. Ella no tiene los dientes manchados. No tiene panza de viejas temporadas de borrachera. No tiene manchas en la piel. No tiene herpes o las tiene maquilladas. No toma esta noche antidepresivos además del alcohol. No tiene placas que se rasca en las manos. No tiene los ojos líquidos. No es sana ni lo suficientemente enferma. El programa de la tarde: Los mejores culos del Louvre (desde la antigüedad hasta casi nuestros días). Por la noche saldré con una rusa que conocí en la revista SOHO. Mis sabanas huelen al norte lejano, a Finlandia antes de su independencia, cuando pertenecía a Rusia. Siempre tiene hambre y no lo esconde. Le gusta decir que tiene mucha hambre, como si, manifestándolo, comiera. Tiene un cuerpo Botero porque come, pero disfruta comiendo. Tiene panza, la panza que le cae sobre el string. Es su modo de revolución, es su modo de ser periodista. Pago los taxis y las bebidas. Nunca dice gracias. Tiene la actitud de la puta rusa que da todo por descontado, su cuerpo la disculpa. S. no es puta ni tiene un cuerpo que la perdone. Sostuvo mi mirada, me clavo los ojos desde las lejanas llanuras de Siberia, la bese con seguridad. Me mordió, me metió la lengua con fuerza y en punta, no me dio pausa. Termine mi vodka apoyado en la barra. Era noche NME. La programación era excelente: buena electrónica london. Sostenida e inteligente. Los cuerpos se movían en la oscuridad. Yo miraba con un rock desnudo metido en el estomago. S. en silencio a mi lado. Le propuse que nos fuésemos. Fue al baño. Me permitió salir del club solo. Tomamos un taxi directo a mi casa. Apenas me alcanzo para pagar los 14 euros del trayecto. S. me costo 50 euros. Me comió la boca. Ella tomo vino, yo cerveza. Hablamos poco. La fotografié. Acepto con la resignación del este frente a las leyes del mercado. La masturbe. Le metí dos dedos. Me indico su punto dos veces. Me molesto. El sexo es como la comida. La concha siempre mojada. Húmeda mojada. Sentado la masturbe.

Ella parada frente de mí. Ella miraba el techo de placer, yo el piso. Le caía agua bendita. Mis dedos mojados me sirvieron para armarme un cigarrillo. Tenía un carácter químico. Me arme un cigarrillo con los dedos mojados por su concha. En Finlandia el lujo no existe. Allá se trabaja duro por Dios. Es luterana. Me hablo un poco de un algerino y otro de Laos. No entendí si se acostó con los dos. Me desperté. Mi habitación estaba oscura. Anoche corrí la cortina. Sentí el mismo olor a cigarrillos mojados. Prendí la radio. Supuse que no había salido el sol. Una mañana normal, nada excepcional. Pero además del olor a cigarrillo, humedad, mi piel olía a concha o mi pija olía a concha, un olor amable, dulce, de pelos rojizos y largos secos. Ella no estaba. Me acorde que me había dormido en los hombros generosos de la campesina rusa. La busque en la cama, debajo de las sabanas, debajo de la cama. Se había ido. Mire a mí alrededor por si faltaba algo. Tal vez me robo algo. Se fue. Mesa 103: Es un rostro comido por la angustia y los nervios. Llovió todo el día. Hace frío. Corre el mes de diciembre. Tomo un café escondido en la cocina. Ella se levanta con miedo. La duda de cada paso. De no saber que hay que hacer después. Siempre me lee su ultimo capitulo. Me pongo nervioso, mi responsable me vigila: tengo que servir y levantar las mesas casi vacías. No le importa: « Hay cosas que nunca se pueden olvidar, los cadáveres se mueven en la ciudad colgados desde una pena de amor, una espina que impide caminar como antes, no se puede olvidar el primer amor, esa cuchillada en el hombro que se desangra, las mujeres serán acidas, se dejaran enamorar de a pedazos, soy una puta, una sonrisa con dos piernas abiertas que alcanzan para un noche de mañanas tristes.» Salgo corriendo a preparar café. Esa noche me emborrache. No tome un botella de whisky pero me desperté vestido en el piso al lado de la puerta sin anteojos. Perdí los anteojos. Los deje en el último bar: Old Nevy. Pero tengo un hueco de memoria. Me acuerdo de la última cerveza pero de ahí en más nada. Termine en los brazos de una mujer de 40 de cuerpo duro y sexual. Me acuerdo de sus labios. Pelo negro largo con olor a champú aromatizado a almendra. Tenia dientes a penas blancos. Olía a vieja leona en calor. Tenía la piel de pasado fibroso. «…volvió a mirarme con aquella sonrisa triste (sic). Era la mirada de una judía desesperanzada en quien, como en todos los de su raza, el instinto de vida era tan fuerte, que, aunque no había absolutamente nada que esperar, se sentía incapaz de matarse. Esa desesperanza era algo…» (Miller en su Tropique). T. me presento una exitosa judía del mundo de la moda con la cual tengo un affaire. Se llama B., tiene más de 40, es una pálida rubia de cuerpo concreto, casi sexy. Me invito mañana por la noche a una fiesta en Saint Germain des Pres. Seré su trofeo. Carne joven para una soltera exitosa de más de 40. Me prostituyo por mi profesión. Incluso es probable que si me acuesto con ella me esconda algunos euros en el bolsillo de mi pantalón. Tiene las tetas pequeñas pero consistentes. Tiene el culo duro gracias al gimnasio matutino con Ipod y sudor. Sin ropa claro las medidas son relativas. Las flacas, vestidas, mejoran, las gordas, desnudas, también. Pero tiene la boca. Además es judía habla francés refinada. Quiere tener un hijo en cubeta. En Israel, claro. Tomamos una botella de champagne. Su duplex cuesta 600 mil euros. Su amplia discografía se resume en música lounge y variedad hebrea. Escuchamos pop de Israel. Me regalo el disco y me chupo la pija como J., la alemana benévola, en aquellos días de sol bajo la estatua de la libertad. Acaricio mi pelo. Me invito a dormir. A los 27 dirigía una empresa americana. Me regalo una playlist fashion Paris by night.

Hablo de la guerra de los seis días. Me ofreció contactos en Jerusalén. Dormí sobre sus pezones. No olía a nada, a moda.

En su biblioteca, tiene su propia sinagoga: candelabros, estrellas de David, Jerusalén en metal o arcilla. No es religiosa pero ama Israel. Para ella, Israel es el mediterráneo, el calor, la vida. Paris son los negocios. Me hablo de los hijos que van a la guerra. De las mujeres fuertes que se quedan en casa. La masturbe. Gimió. Decía: c’est bon, c’est si bon. Fingió un orgasmo. Le gusto que le metiera el dedo. ¿Las judías son vaginales? Creo que es el principio de un buen polvo. Su cama esta en el segundo piso. Me llevo de la mano al segundo piso. Subimos una escalera caracol angosta. La cama estaba bien hecha con un oso de peluche entre los almohadones. En el piso vi un radio despertador vintage parecido al mío. Nos acercamos lo suficiente para sacarnos la ropa. I love Israel. Miro detrás de los vidrios del champagne. Estoy nervioso. Ni los pobres ni los hospitales. Cruzamos Concorde por la alta noche. Solos en la sola limusina blanca para mujeres donde Paris, de tan adentro, se escapa. Ella remixada por sus piernas apoyadas sobre la heladera bajo los vidrios polarizados. Polvo sobre los vestidos muertos de Gucci. Tiene una alfombra gruesa marrón y una buena agenda. Pero esa noche no le sirvió. Aterrizo de New York e igual fue expulsada por los porteros, ex mercenarios, de una disco parisina frente al Louvre.

A lo pies del metro Jacques con sombrero no para de hablar. Roma antigua, imperial, republicana, Roma mojada, mórbida, madre, Roma felina, decadente, rota. Roma de la primera comunidad judía y la crucifixión, Roma en la cruz… Jacques es mi abuelito perdido. Cambio el saco en Barbes por cinco euros. El anterior lo tiro. Vive al lado del Luxemburgo. Quiere decir en los jardines bajo un árbol o en un refugio para pobres. No toma vacaciones porque dice que esta siempre de vacaciones. Le ofrezco un cigarrillo. Lo rechaza. Prefiere cigarros. Se ríe. Me habla del tiempo con la convicción necesaria para seducir a un semáforo. Dice que es de Normandia donde trabajo en la fábrica. Dice que vino con un amigo. Que su amigo un día lo dejo solo porque su proyecto era trabajar. No el de Jacques. Jacques se viste de traje. Es el clochard chic del barrio. Pide dinero con discreción y desprecio. Insulta los paseantes a los gritos que interrumpe con estallidos de risa franca y contagiosa. Siempre tiene corbata. Tiene el pie izquierdo hinchado bajo un yeso asqueroso. El doble del tamaño normal. Tiene barba blanca, la piel roja, auriculares. Escucha un cassette cuyo titulo es La fiesta. Es sincero. A veces pide dinero. Reflexiona sobre lo que recibe. Mira con sorpresa: ah bon… si son pocas monedas o si no le dan. Casi que no entiende. Es un reaccionario confeso. Es un provocador sano. Tiene un discurso bipolar. Hoy por la tarde lo vi secarse la transpiración, hacerse masajes en el pecho y el estomago. Tiene la respiración entrecortada por el cigarrillo, dolor de hígado por el alcohol.

Tira la lata de cerveza al piso. Ceno en Deauville con invitados ilustres. Un ex editor de Gallimard, un periodista televisivo junto a su esposa, y una abogada divorciada varias veces. Comemos en el piso de abajo. El menú es coquille saint jacques u hongos con ajo, coliflores, gambas, crema verde con blinis, regado con vino blanco y tinto. Terminamos tomando brandy. Los invitados se despiden. Quedan dos parejas y yo. La foto de M., empapela la capital. Sus dedos largos empujan las migas del pan. Ninguno ocupa su lugar en el mundo. Las dos parejas son una triste ficción de solidaridad. Me voy a un club privado. T. cierra los ojos. M. sonríe con Leonard Cohen en vivo. Es una anfitriona autodidacta. Camino hasta mi habitación. Es mi primera noche. No me espera nadie. Pero una mujer duerme a pocos metros. X. no sabe pero compartimos las mismas calles y el mismo metro. No pienso en la isla. Las reflexiones de T. desembocan una y otra vez en la palabra judeocristiana. M. cuenta los shutting nipones. T. eligió el confort de una mujer débil, legítima y fácil de vivir. T. es un gran pescado arruinado por el alcohol. Tal vez confundo su amistad con su bondad para ofrecerme cerveza. Es mi confusión. Es el doble de Jean Pierre Leaud pero loser. Su depresión es el motor de un discurso que se repite sin pausa, sensual. Dice que lo salvo la cocina y su psicólogo. A medianoche destapo una gran botella de champagne sobre los techos iluminados por la Tour Eiffel. Un amigo esa noche abrazo la muerte. Una mujer sin dientes con canceres repetidos en cada órgano que sin bombacha se dejaba apretar por los hombres del bar con las cortinas corridas. Envió mensajes a mujeres pasadas sobre el agua. Y me quedo despierto hasta muy tarde. Recorro el dial. Sintonizo fip. Quisiera estar, leo, en Fulad Mobarekehh, fabrica de acero, al sur de la ciudad de Isfahan, Iran. Me dejo tan desnudo y arruinado. Tiro Orientalism, western conceptions of the orient, de Edward W. Said, El pasado de Alan Pauls, Qu’est-ce que la litteratue, de Jean-Paul Sartre.

Leo la dedicatoria que me escribió Martín Caparros. Tiro Sourtout pas de journalistes !, de Jacques Derrida. Me gusta escarbar la basura. Me gusta las bolsas de plastico negro en su defecto de 50 litros. Son resistentes e industriales. Transmiten seguridad. Una seguridad casi metafísica: cuando quiero me puedo tirar a la basura y todo va a salir bien. X. me trae cerezas del mercado biológico de Raspail. Ella parafrasea, en la bolsa de papel madera, Sky with diamonds.

Firma, Love.

lunes

Paris by night VI

Tendencia: las uvas con chocolate son muy populares en Tokio. El paladar de sus habitantes es sensible a ese producto. Entran dos clientas japonesas. Me enseñan el significado de su escritura. Se ríen nerviosas. Los signos se parecen a la cosa. La palabra comer esta representada por un dibujo donde un hombre sentado hecho de palo con sombrero tiene un plato en la mano. Me escribieron desde Japón pero aun no conteste. Un reciente estudio indica que los japoneses sufren de estrés durante su única semana de vacaciones, pero da igual. Paris tiene más ratas que habitantes. Son discretas y obstinadas. Esta noche Baudelaire y Rimbaud no se dejan ver. Stand bye feroz, del cual salgo a patadas o a patadas de los efectos nocivos. Ellas dejan en claro con sus gestitos histéricos que no son chinas, que Mao no es Elvis, Confucio no es Yoko Ono, Nagasaki no es Tang. Distrito 13. La diáspora China más grande de Europa. La primera comunidad fue un encargo del gobierno Frances durante la primera Guerra Mundial. En aquella época, los franceses iban a la guerra. La mano de obra fue reemplazada por chinos intrépidos que, terminado el conflicto bélico, se amontonaron en el distrito 3, y, de a poco, se murieron. Pero el Chinatown tiene su origen en la década de los ’70. El sudeste de la capital es popular y obrero. Se decide levantar el estatus y construir rascacielos brillantes como cadáveres fosforescentes. El proyecto inmobiliario es un fracaso. Del otro lado del mundo, la antigua Indochina es asaltada por los comunista. Los disidentes se escapan. Son los boats peoples que ocuparan las torres. Abrirán restaurantes con carteles de neon y caligrafía con árboles raquíticos. Se le sumaran a la comunidad los expulsados de Tiananmen, de Mao, del mercado y los buscadores de oro. La mafia recibe a sus compatriotas. La estructura se ocupa de alojarlos y darles trabajo. Los departamentos son diminutos, precarios y olorosos. Trabajan en atelier clandestinos. Planchan, cosen y cocinan día y noche para pagar el viaje China-Paris. La primera ola de inmigrantes provenía de la provincia de Zhejiang (Wenzhou). En la actualidad se diversifico el origen. Dongbei, noroeste, es la principal fuente de mano de obra barata y clandestina de la disponía parisina. Un fenómeno made in china invade las calles de la capital: prostitutas con técnica: mujeres, de mas de 40, en movimiento perpetuo, para no ser identificadas, enganchan a sus clientes con una sonrisa. No hablan Frances pero tienen el precio del servicio escrito en la palma de la mano. Se exponen a altos riegos. De todas formas, la vida de los chinos, dice Henry Miller, es supra normal. Alegres, sanos e indiferentes de una forma que no es anormal. Desaparece el sentido trágico: sigue uno viviendo como una flor, una roca, un árbol, unido a la naturaleza y enfrentado a ella al mismo tiempo. Esa noche un grupo de tailandeses ocuparon el salón privado en el primer piso. Piden sake, supuse que eran japoneses. Son cinco cubiertos y una adición de 135 euros. Tomaron tres botellas de Rioja Ossotti. Pedí bajar las luces, les lleve velas. Eran dos mujeres y tres hombres. Una dice que tiene tres vicios: el cigarrillo, el mar y los hombres. La otra asiente. La segunda tiene unas apetitosas tetas. La primera tiene un cuerpo flaco y buen culo. Pagan la cuenta y se despiden. En la mesa dejan un billete de cinco euros y un número de teléfono que guardo. Esa misma noche envío un sms. Me encuentro con la de las tetas. Desde el primer momento con su risa histérica deja claro que quiere una cama. Tomo una cerveza tras otra, ella vino. Salimos a la calle helada y paro un taxi. Es sábado. El taxista es antipático como de costumbre. Le agradezco. Recorremos las calles vacías. Es tarde. Millones de personas boca arriba, muertas para el mundo. Ella se hunde en mi bragueta boca abajo. Tiene experiencia y pienso en el Aids. Le toco finalmente las tetas. Las tiene duras. Las veo desnudas sobre mi cama. El conductor mira en el retrovisor, se divierte, espera más. Subimos los tres los cuatro pisos de rue des Dames. El calor del departamento nos pega en el estomago. Pongo Kind of blues. Ella recorre las habitaciones hasta que se cuelga de mi cuello. Baja de a poco. Sabe lo que quiere. Me desplomo en el sillón. Tiene la concha mojada. Su cuerpo es más de lo que esperaba. Abre las piernas. No espera que busque un preservativo. Me resigno a su voluntad. La penetro. Su concha me absorbe. Sus ojos se van. Pero esa noche pagaron sin dejar nada en la mesa ni hubo taxista Voyeur. Espere el 95 media hora. Intercambie palabras con el tamul de la hechicería. Le pregunte por que se había cortado la barba. Me contesto. Como de costumbre le deje el vuelto. No lo mire a los ojos. Esa noche una pareja de jóvenes serbios en youporn me hicieron feliz. Tengo abotonada la campera militar, los auriculares caen sobre el cuello, y la sutileza Serbia me aburre: 10 minutos de penetración bajo el mismo foco y posición. Entonces leo con fondo de una radio de Belgrado y los gemidos sobre un sillón de felpa roja destartalado. Ella se lima las unas. Digo lo que quiere oír, como un perdedor iluminado (con la dosis equilibrada de confianza en mi mismo sin ser arrogante), y no funciona. En cambio D. brilla en su locura cocainómana. Se sienta sin pedir permiso. Invita tragos. Los mozos miran en el vacío del cierre. La amiga esta perdida. Mira a un costado lo que tiene al frente. Todo es una mierda. Se siente un rock Star vestida de puta, abre las piernas a la inagotable tarjeta de crédito de su amigo. Las dos suecas se van. Me saludan con una sonrisa que me quedo clavada en las costillas. No hay más lunes y ella juega sucio. No le debo nada salvo plata. Tanto Martini caro y gratis para volver solo. Al cierre, me tomo una cerveza y un taxi. Me voy a seguir una vieja historia. C. es Nina Simone + ternura sádica, es, dice, una ex ninfomana: me cuenta las veces que se cogio a dos en baños de estación de trenes, en aulas vacías de la facultad de medicina o en discotecas. Dice que es la mejor chupadora de pijas de Paris. Caemos en las manos de un taxista vietnami, de 27 anos. Cada noche es la misma. Cerramos y prendemos un cigarrillo con una copa de vino. Toma blanco con cigarrillos suaves, finos y largos. Llega su marido. Siempre repite lo mismo. «Vamos que pasa el ultimo bus sino tenemos que esperar». Habla también de trabajo. Pregunta si hubo gente. Se estresa por el transporte. Habla del modo de la servidumbre. Dice que el cliente debe saber desde un principio que es tu lugar, la relación se establece con el tono de voz cerrado pero amable. Pero la maquina exprime cualquier representación duradera. Los ricos se saludan por su riqueza. Los vagabundos pagan con tarjetas de crédito negras y Marx me llega hasta el cuello. El metro interrumpe la señal. El mulato del frente tiene un San Miguel pegada en la mano derecha. La izquierda tiembla. Es tartamudo. En el subsuelo el equipo de cocineros prepara los platos y suenan con enrolarse en la legión extranjera. Toma solo. Toma mucho. Tomo mas para contar historias. Las primeras horas de trabajo son las peores. Después adquiere el ritmo y el olvido. Chirac no paso el domingo. Gasto muchos euros en citas absurdas. 1. Una clienta, de 40, entro por la tarde hetero y salio por la noche lesbiana. De la mano de un tipo se emborracho. Se cayó en la escalera. Tenía la nariz ensangrentada. La camisa manchada. Luego del golpe, parecía enamorada de una mujer que la besaba sobre los labios rojos. 2. José Luis, productor artísticos, madrileño, 50 anos, con mujer mas joven y tetas rehechas Ex productor de Los Rodríguez. Conoce de vinos. Ceno con Raúl Paz que llego con su mujer. Paz dijo: Fidel… hasta que no se muera, nada va a cambiar. 2. El guardespalda Israelí espera afuera al tipo que cuida. Mira la lluvia y a los costados. No quiere tomar nada. Tiene 22 anos y una mano en una bolsa, donde tiene un revolver de gran calibre. Dice que en su Israel siempre hace calor. Mesa 103. Tres mujeres toman vino. Hablan fuerte en ingles, con acento newyorkino. Son habitues distantes. Tienen la buena costumbre de dejar mucha propina. La de ojos almendrados es la dueña del negocio de ropa del frente, diseñadora de su propia casa de moda. Es judía, tiene mucha plata y pocos clientes. Es soltera y tal vez lesbiana. La otra es americana. Trabaja en el mundo de la publicidad. La otra es japonesa, modelo. Abre la boca y se mete un pedazo de jamón rojo con los bordes blancos de grasa. Tienen las piernas flacas raquíticas de cocaína. La dueña se va y les deja la llave del negocio que conduce al departamento del primer piso. Piden mas vino. Se besan en la boca y desaparecen en el baño. Vuelven eléctricas. Hablan de culos y de lo importante de la vida. Las miro. Pagan y se van sin saludar, mujeres nacidas con complejo de crucifixión, obstinados roedores que renunciaron a su pasado, adorables criaturas del bar más prestigioso de Paris, cuyo lavaplatos es blanco y se comporta como un taxista que escucha y pregunta sin jamás interrumpir.

El critico ingles corresponsal de BySOHo dice: «La escritura es un martillo, un martillo es un instrumento que define la eficacia del sujeto portador de sus golpes, medidos, un retorno de segunda descarga, con el ojo mas maduro, que pone en frente al lenguaje como una bala destructible, soy un vicioso de la escritura corporal (un tatuaje al cual le compre decenas de curitas) que me permite no pensar en mi angustia que me dio velocidad en el teclado, pero no siempre calidad… Sobre Londres…? Es una manzana verde en la garganta que quiero tragar».

Por Gabriel Magnesio

Textos y fotos

París 2009

jueves

Paris by night V

Por Gabriel Magnesio

Rainer Werner Fassbinder se acerca a John Cassavetes ni bien arranca Volver en La boite a Frissons, club de travestis en el barrio homo del Marais. Eso es un tipo confiado. Está recostado en la bañera. Mira. Vigila. Tiene el pelo negro con rulos. Ella está bajo la ducha. Firme. La boca dibujada. Siempre perfecta. En cambio la alemana tiene en su cuerpo pedazos de metal. Las semanas se comen unas a otras. No tienen planes ni escalas. La fotógrafa Amit Berlowit me da hambre. Hay una mujer en mi cama. Duerme. Me tira una camisa blanca. Solo tengo que subir. Me está esperando. Suite de los fragmentos. La extensión varia según el pulso de la madrugada. Anoche dormí con San Martín. Tiene 25. La carne firme. Nació en Boulogne sur Mer. Una noche me cuenta que, junto a unas amigas, bailaron en la fragata Libertad. No conoce al Libertador. Me pidió dos veces que le haga el amor. Se fue temprano. Tiro el formulario de la CAF para solicitar la reducción social del teléfono. Anoche X me envió un smn a las 2 am.: «Rendez vous dans 30 minutes metro Rennes. Sois-la». Hace casi un mes que no nos comunicamos. Llega borracha de la cabeza a los pies. Me abraza y se pone a llorar. Su pecho late fuerte. Parece desesperada. La llevo a mi habitación. La define como yo quisiera: el escenario de un film de Tinto Brass o The Dreamers, su film culto, de Bertolucci. Saco unas cervezas debajo del sofá cama. Toma como es en la vida. Tragos largos, peligrosos, excesivos. Toma como un hombre. Hablamos durante horas por teléfono como si estuviésemos al aire. Es una charla íntima. Pasamos a Billy. Su playlist son viejas canciones que redescubrió en unos cassettes. Tomo dos vasos de agua. Tomo sin parar y los vuelvo a cargar. Sobre el escritorio duerme el conejito rosa sucio en cuyo vientre X pintó con pintura de uñas Dior X, cuando escribíamos todo con Dior. Dice que nuestras marcas son rojas. Me propone bailar los Rollings Stones. Una canción que en 9 metros cuadrados nos despertaba y empujaba a la calle. O nos dejaba en la cama durante días viviendo el mayo del 68 sin salir. Nos regalábamos platos con dibujos hechos con granos de arroz y mayonesa que me compraba religiosamente. Levanto el vaso con agua. Me explica lo diacrónico y lo anacrónico según la antropología inglesa. Se pregunta como puede ser que el inglés no tiene femenino masculino. Se pregunta como los ingleses miran femenino masculino de Godard. Habla del color de nuestra piel y pelos. Somos un rito de pasaje. Pienso hermafrodita. Se ríe. Imaginate si tuvieses una concha con el orgasmo hacia afuera. Creemos en el artificio del diálogo. X. rescribió versión porno el capítulo 7 de Rayuela. Su médico le dijo que le faltaba magnesio. Hoy me despedí de Place de Clichy. Desde mi nueva ventana veo la Alianza francesa y la EHESS. Dos símbolos fuertes del exilio latinoamericano. Tiro un recorte de diario con la nueva campaña publicitaria de Louis Vuitton. Gorbachov en Berlín. Se lo ve sentado en el asiento trasero de un auto, a su lado un bolso de la marca, y detrás, el muro. Desde el bus 95, veo a S. en las paredes. Es la tapa del nuevo número de la revista de moda del Figaro. Veo mi firma en la apertura del exclusivo restaurante japonés de Toyota en los Champs Elysees. Tiro el Cine según Gilles Deleuze. Regalo la Tauromaquia de Jose M. Manzanares. Dos minutos antes del cierre, llega una clienta inglesa. Me invita a tomar un trago en el bar de la esquina. Las cinco inglesas toman vodka. Se reorganiza la rueda y una de ellas se sienta a mi lado. La segunda. Me toca la más fea. Separada, tres hijos, rica. El bar anuncia su fin. Vamos al bar latino la Pena. Cinco inglesas de más de treinta y yo. Me regalan vodka tonic. La más alta y fea, decidieron, es para mi. Las demás respetan la decisión. Tiene arrugas en la cara. Sigo tomando. Fuck you. Tendría que haberla besado. Me hubiese chupado la pija. Miro fijo a su amiga. No funciona. En la Pena conozco al dueño y a sus guardaespaldas. Conozco un colombiano que me llena el vaso con whisky y celebra. Sigo. Una inglesa de 24 me dice que es inglesa. No se que decir. Se va. La única frase: ¿Fumamos o querés tomar algo? Lo mas parecido al amor. Edición especial de Telerama consagrada a Maurice Bejart, días después de su muerte. Título: Bejart. Su foto en blanco y negro con los brazos en alto entrelazados. El rostro iluminado levemente inclinado hacia el piso, los ojos cerrados. F. volvió. Llegó tarde. Unos minutos antes de cerrar. F. es el único apoderado de la fortuna de B. Me dijo que fue difícil. Que con el tiempo se acostumbró y empezó a escribir. Los meses pasaron y sigue en Suiza. Pero que París es una linda ciudad. Intentó volver en enero pero no pudo. La gestión fue complicada. Los libros, los derechos de autor, las propiedades. Aparecían familiares a exigir parte de la fortuna. Me contó que conoció una joven argentina, de Santa Fe, integrante del ballet de Bejart. Se la regaló Jorge Donn. Esta noche nos despedimos. Se fue más viejo. Le dije que había cambiado. Tenía el pelo corto, los anteojos limpios y zapatos. Viaja a Laussane a terminar los últimos pliegues y se muda a París. El retorno de W. Elegante y viejo. Dejó atrás la juventud despeinada. Hombre de whisky a las tres de la tarde. Está limpio, con zapatos lustrados, anteojos derechos. Afeitado. El pelo corto. Dejó la piel del escritor maldito por la del escritor de traje. Pero le queda mal. No tiene buenos cortes. Ni la tela es adecuada. Me dijo que su alma sigue negra. Se instaló en Lausanne, en un hotel donde su terraza está frente al lago. Piensa de todos modos pasar el verano en París. Le da igual. Los espacios son siempre los mismo. No obstante es obligatorio alternarlos. Me mude a Berlín o Londres. Bien vulgar. Mesa 44: Hedi Slimane. Por tercera vez. Come una tartina con jamón ibérico, pan con tomate, toma evian. Está resfriado. Acompañado de dos personas. Su novio, el mismo, y una mujer parecida a un hombre delicado. Hablan poco. Miran. Descansan. Serenos. ¿Qué es lo cool, según Hedi Slimane de Hedi Slimane? Tiene el pelo corto, tipo punk corto con cresta imaginaria. Afeitado. Remera blanca con inscripciones negras. Bufanda fina de tela larga alrededor del cuello con un nudo en el pecho. Campera levis’s talle corto blue. Mesa 7: dos jóvenes iraníes. Me regalan un paquete de cigarrillos de Iran. Son cortos. Como si fuesen cigarrillos para enanos. Son duros, apenas fuertes. Pruebo uno en mi pausa. Nos reímos. Coqueteamos. El viaje dura poco. El timming o el yeite siempre son insuficientes. No son instrumentos del instinto, son herramientas de la disciplina. Un reportaje introvertido o viaje mudo. Formas narrativas de la cámara bastón: «El cliché se hace objeto cuando el fotógrafo lo decide», dice Depardon. Compro un billete de avión. Mesa 11: Julie Depardieu, hija de Gerard, monstruo sagrado de la mejor época del cine francés. Comió pata negra, ensalada y un risotto más una evian. De postre pidió un chesscake. Dejó 10 euros de propina. Se subió a su moto, una Kawasaki enorme naranja. Vestía una camisa a rayas, un jeans, zapatos tipo colegiales altos. Tiene el pelo largo, rojizo, un poco sucio y gastado. Sus movimientos son tensos, bruscos, los de una cocainómana cansada. La piel de la cara esta arruinada, sin perder su belleza. Un colega dice que es alcohólica. A su lado tiene un viejo transistor con el cual escucha ópera. Lee revistas del corazón. Responde mensajes. En ese momento desde la mesa 9, W. hojea un libro, degusta un porto, después del champagne, que mezcla con un Sauvignon. Me crucé con una clienta rubia. No la volví a ver. Me hubiese arrodillado en el baño. C. es mi ángel que me abre las puertas de la noche cerrada de la capital. Al final de la noche me quedé solo como siempre. Tomé un taxi con destino al Rex Club, música house. Menos mal que cuando duermo no tomo. Me pelee con los guardaespaldas. No pude entrar. En ese momento llega O. borracha. Vomita un líquido naranja. La subo a un taxi. En la habitación se desnuda. Me hace la paja. Nos morimos en la cama. Sin antes apoyarme el culo y moverlo y abrirlo. Es una mujer Voltage, emisora de radio de fin semana. Miro su ropa en el piso. Su corpiño con almohadilla para agrandar sus tetas grandes. Sus zapatos tienen los tacos gastados. Siempre es de noche. Me duele la garganta. Tengo lastimados los pies. Anoche J. lloró antes de apagar las luces. Estoy enfermo. Una semana de hospital. Me recupero a pesar de las heridas. Salgo convaleciente. Llueve. Es verano. Se despierta. Dice que tomó demasiado una vez mas. Dice que arruinó su tapado. No se acuerda de nada. Veo su torso desnudo. Son las cuatro. Pasó una hora. Se acostó con un centenar. Cada semana uno distinto. No puede parar. La fotografié. Me espera. «Dormí poco pero al menos fui bien cogida», dice. Hoy por la mañana me repitió como la primera vez que tenía ganas de sexo. No se lo di. Como buena mujer histérica que soy. Se bañó. Se pintó. Tenía los minutos contados. Un beso. Y chau. Por la tarde frente al Sena, le hable de X. Que si la cruzábamos en el Rex, disimulara. Se quedó dura. La mirada clavada en el agua. Lloró, le cayeron dos lágrimas, una pantera herida. Se siente, dice, como el último refugio trasnochado. Esa tarde, S. está pensativo, la melancolía negra. Acepta con los párpados caídos su triste destino. Parece un capricho inconcebible. Pero es tierno. Me dice en el vestuario que está triste. Que extraña a su familia. Se ríe cuando le cuento historias. Me dice que las mujeres solo traen problemas. Escucha el sonido de una rata y su rostro cambia, de animal al acecho. Se pone un guante. Su brazo salta. Con la mano aprieta la rata hasta matarla. La tira a la basura con satisfacción. Se saca el guante y sigue cocinando. Me cuenta que un primo que no conoció murió en el atentado a las torres gemelas. La teoría de las ratas: seres invasores de la ciudad. Su paso ponen en peligro de muerte cada acción del hombre; cualquier producto de consumo es susceptible a tener el pis o la mierda del roedor en su cuerpo y por contacto transmitirlo mortalmente al consumidor. Un locutor de la BBC News agrega: «Los escritores son eternos triste excluidos de los placeres ordinarios de la vida; tienen los ojos fijos en obsesiones; no ven el mundo pasar salvo cuando escriben; son cuerpos que tiemblan y la vida cuesta un suspiro; escribir es la derrota del día y el consuelo de la noche; es aburrido leer una sucesión de frases geniales, mas bien vale una frase bien lograda matizada por varias mediocres». El locutor anuncia el siguiente tema: la importancia de Estambul en la geografía política del tango. Pausa animal. Punk turco. Representación de una judía turca y una musulmana tanguera sin velo y con rulos. Encontré a Adriana Varela en una pequeña loge de un teatro parisino. Se sentó en forma de loto sin su vaso de whisky. Mi mano derecha pierde de a poco su reactividad se endurece pierde vitalidad se muere la tomo con la izquierda la acomodo con ternura donde no puede ir. La turca musulmana que se desnuda gracias al si de otra turca ya desnuda. “Que bueno los que pueden coger la primera noche como si fuese la segunda”, dice uno de los personajes de W.

martes

París by night 4 por Gabriel Magnesio

Murió Albert Cossery, anuncia Le Monde, Liberation, Le Figaro. La noticia me la anunció D., un judío que se ocupó del escritor los últimos 20 años. Cossery, nacido en el Cairo, vivía en el hotel La Louisiane desde 1945. David subió a su habitación, número 76, y lo encontró muerto, elegante como un príncipe. Se murió. Le Monde tituló «Voltaire del nilo» o algo así. D. estaba triste. Dijo: “Se me murió mi viejito”. El viejito fue mujeriego, vivió el tout Saint Germain de la época de oro. Escribió pocos libros, 8 en décadas de carrera, pero dijo mucho o lo suficiente para ser considerado uno de los mejores escritores de Francia. Fue condecorado por prestigiosos premios literarios. Cliente del Flore, el Lipps. Me lo crucé dos veces en el supermercado frente a su hotel-casa. El tipo que más tiempo pasó en un hotel. Pero no podía hablar. Un cáncer de garganta lo sumió al ostracismo y a la antipatía. Seguía yendo al Flore o paseando de la mano de una mujer. París negro. Los bares están vacíos. Los negocios cerrados. Solo hay turistas de pantalones cortos. Lavo la ropa en el pressing frente a los jardines rue de Fleurus. Los lavaderos son prácticos pero peligrosos. Los clochards y los clandestinos jamás tendrán lavarropas. Vuelvo con la ropa limpia en la valija. Paso por el supermercado. Compro pan sueco, miel, levadura de cerveza, mozzarella y cerveza caliente. Tiro medicamentos (en una bolsa de basura negra de más de 20 litros), paquetes de cigarrillos vacíos y botellas de cerveza sin gas. Miro mi spray anti mal aliento. Me duele una muela. Anoche me encontré un brazalete Tiffany’s en el piso del Cab. Cuesta 500 euros. Lo tengo puesto. Tiro a la basura La reprise de Kierkegaard. Me propongo regalar un libro por día. Esta es mi tercera o cuarta chambre de bonne. La mesa es una tabla sostenida por dos caballetes. La compré en mis peores momentos post X. Me acompañó M. al Castorama de Place de Clichy. Esos días conseguí dos colchones. Uno de A., periodista de la agencia de noticias Serbia. El segundo es de una periodista argentina con puesto en el parlamento europeo de Bruselas. Los libros son pilas en el piso. El resto lo encontré en la entrada del edificio: una biblioteca IKEA de tres pisos más un mueble de cuatro cajones. Los subí. Eran livianos, de mala calidad. Rue des Dames, cuarto piso. Edificio de fines del XIX. Gastado. Lo más Londres de París. Vivo solo. R. paga casi por mí. Le doy 350 de los mil que cuesta. Por la tarde A. llega demacrada. Tomó mucho la noche anterior con una amiga del colegio que está de paso. A. se escolarizó en la escuela americana del DF, donde solo se habla inglés. Una de sus mejores amigas es la hija de P. Su otra amiga estudia en Londres. El otro padre es buscado por la INTERPOL: malversación de fondos. A. podría trabajar para una multinacional en N.Y., pero tiene miedo a las alturas. Nunca subió a la Torre Eiffel. La bolsa Louis Vuitton reconstruye la historia como la basura. Tiene 40 años, es analista de sistemas. No está casado. O es soltero. Su agenda indica que hoy tuvo cita con una tal V. Es americano. Viaja mucho. Tiene cartas de visita de Tokio, Ámsterdam, Moscú. Es avaro. Tiene ticket de Mc Donalds, supermercados baratos. Un track con cursos de tango. Hay un par de medias. El diario Le Monde. Esta noche con fondo de Luis Miguel, A. me habló del alcoholismo de su padre. De su melancolía. Por eso solo escucha salsa y merengue. Mañana martes el pronostico indica una fuerte ola de frío. No habrá clientes. A. se reúne con la nueva moza. Negros: N. duró unas semanas. Su origen: Cote d’Ivoire. Edad: 21 años. Alta estilizada cara de mono. Lentes de contacto azules, pelo falso por 50 euros en Barbés, cinturón Dolce&Gabbana falso, cartera falsa Louis Vuitton, etc. J. la despidió. Se viste como Beyonce. Le gusta Beyonce. Habla argot. Los formularios de la asistencia social francesa deberían ser escritos en argot. Tetas propias que parecen hechas. Su pasión es el modelaje. Con suerte pasará por algún cabaret de mala muerte. Negros: S. es un buen tipo. El baño está clausurado. Le daba vergüenza ir al restaurante del frente. Lo acompañé. Hago bien mi trabajo. En el silencio del cierre A. me cuenta. En su narración tiene un control exhaustivo de sus ideas hechas carne. S. dice que la ley del Islam prohíbe mirar a los ojos de una mujer, o saludarla con un beso. Él lo hace pero no viola los principios. Cuando le hablo de mujeres se pone nervioso.

Un serveur del frente me muestra un video casero donde coge una hermosa tunecina. Al frente todo igual. A. sigue con la coca. Dos mujeres de la noche lo esperan. Me invita un trago. Un tipo que te invita un trago me cae bien. Mañana domingo es un día sin interés. Si me siento muy solo llamaré a alguna que hoy prefiero no ver. Lo que me queda de realidad. Lo peor es que A. sufre de tensión nerviosa. Un síntoma es el endurecimiento de la mano derecha. Llega R. con su perro llamado guitarra. Es santafesino. Tiene la voz grave, de Goyeneche Clash. Es una versión exitosa de A. Duerme en uno de los techos que sobrevuelan a Napoleón. Tiene vidé pero no tiene ducha. Se baña en la pileta. Canta una excelente versión de la 2 de Gardel. Anoche conoció a una croata que trataba de vender un cuadro en rue de Buci. La cogió por el culo sin preservativo. Me dijo que olía, que estaba sucia; la lavó con querosén. Le terminó en el culo; se fue pasada las cinco de la mañana. Le serví un vino gratuito. Me dijo que no podía pagarlo porque tiene que enviarle plata a su madre para medicamentos. “Tengo 50 años. Me hago una paja cada tres días, cojo cada 10. Pero cuando cojo necesito unos días para recuperarme. Los lunes no trabajo. Los pobres trabajan los lunes”. Son más de las seis. Me duele la lengua. Esta noche reencontré a M., la actriz italiana con rostro de poupee danesa. Dice: «Trop bien pour moi, love. Bip moi quando arrivi. Adesso sono in un taxi. Si vuoi sono li. M”. Me subí a un taxi. Nos dimos cita en Nation, rue d’Avron. Hace frío en verano. Tomamos en los dos únicos bares abiertos de Bastille. Como papas fritas con mayonesa. Lo mejor está en la cabina telefónica. Llueve. Un rastafari canta su folclore con la voz perfecta. Una pareja de negros lo escuchan desde la cabina vecina. La noche con M. fue cerrar una escena que quedó inconclusa hace más de cuatro meses. Era tarde. Ella se iba a la mañana siguiente, como esta vez. Le dije desde un taxi con dirección a Place de Clichy que no era posible vernos aquella madrugada. Esta vez crucé Paris por 14 euros hasta silbarle debajo del primer piso del depto de su amiga. Pensé en 3. Pero salió abrigada y con un saco para mí. Que no le devolví. Sin verbo, el sujeto alcanza. El periodismo me sirve hoy para entrar gratis a las discotecas de la capital. B. volvió de Cannes. Esta tarde me encontré con el escritor español amigo de Santiago Gamboa. Vive en Neully. Me confirmó que Gamboa vivió en Neully. Dice que lo del restaurant es ficción. Que es difícil sobrevivir una noche con S. Llego al hotel. Vacío los bolsillos. Vuelvo de mi primera noche. Es viernes. Fue anoche tarde. Me acosté con dos mujeres. BCN y DF. Tomamos champagne Bd. Saint Germain, un piso de abuela que cuesta más caro que un país africano. Pasamos por mi hotel a buscar cervezas. Fue en rue du Bac. Me saqué la camisa blanca. Ahí estaba. Sugerí el trío. Una se rió nerviosa la otra se sacó el vestido negro. Se inaugura hoy los juegos olímpicos, escucho en la radio. Le conseguí una habitación en la Louisane a un mozo del Bdm. Tenía un plan con una rubia infartante. Escucho un saxo desenchufado. Oscar Peterson golpea fuerte en la radio. Cometo el mismo error. Dejé el deseo en la promesa. Raro negocio: una noche por una visita guiada de París. Los tres en la cama blanca pura perfumada con polvo del DF. Anoche J. me clavo una medida de vodka que déchire. Terminó a las nueve de la mañana. Me desperté a la 2 de la tarde. Me dolían las piernas. Canté. Ella se reía. Vivo en una habitación de la Louisanne. Vivo en un hotel. Segundo piso. Albert Cossery vivió en el quinto. Se murió en su habitación. David que lo cuidó los últimos 20 años me regaló un libro de Albert de Albert comentado por Henry Miller. 23 21 París. Humanidad brutal en un latigazo de Aldo Romano. Tienen lencería estrecha: negra. Tengo la voz ronca. Me desperté a la 2 pm. A mi lado estaban los anteojos y la cámara de fotos. Una se duchaba dos dormía. Tengo la camisa y las medias mojadas con cerveza. Antes de irme le pedí el teléfono. No me cobró.

París By Night 3

Por Gabriel Magnesio
Sus labios rojos Dior golpean un paquete de tabaco que deja en la mesa. Mesa 206. Un hombre, cara de ventrílocuo, de 35. Alemán. Sólo. Pide el plat du jour. Se deja sugerir una copa de vino. Pide una ensalada. Come rápido. Lee el Der Spiegel. Vestido con tapado, anteojos de marcos gruesos, sombrero con ala. Es amable. Una valija de cuero. Dubitativo. Pide el café final. Se aloja en el hotel La Louisiane. Es tarde y hace frío. La noche se cierra después del café. Su esposa, tal vez, duerme en un pueblo cercano a Hamburgo. Vive en un departamento que le cuesta una hipoteca de varias décadas. Gana bien. No sabe para que. Mesa 7: Una pareja de ingleses. Él mide dos metros, de contextura imponente, cara cuadrada, pelo bien corto. Es una montaña sin control de su dimensión. Un puro londinense de la periferia gris. Es un antiguo militar reconvertido en agente de empresas de seguridad de zonas en conflicto: trabaja en Irak y Afganistán. Es un mercenario. Gana bien. Ahora disfruta de un fin de semana en París. Dice que gana mucho. Su mujer asiente todo lo que dice. Es una inglesa de ojos verdes. Tiene siempre miedo. A veces pasa meses encerrada en los cuarteles generales de las fuerzas inglesas en Bagdad. Toman vino y cenan. Me deja unos euros de propina. Me habla del Che Guevarra. Cuida las espaldas de diplomáticos, empresarios, lo que sea a cambio de dinero. Como dice una periodista sin trabajo, estoy dispuesta a redactar amenazas de la ETA si me pagan. Se fueron. Nunca más los volví a ver. Tal vez él esté muerto. Esa noche la de 21 era Rosy de Palma pero gala. Ojos claros y modales controlados. Me pidió que me quedara en su depto de 20 metros propios, con gato y hierba, pero me fui. Escuchamos a Pink Martini. Me sirvió vino. Me habló de su familia. La conocí de un modo transversal. Ella insistió. La acompañe. Me invito a fumar. Subí. Nada. La despedí y salió. Besos con las piernas abiertas y el escote saltó por los aires. Tiene los dientes cerrados. La música hace los cuerpos más lindos. Como el caso de M., bailarina sobre el cubo. A los 19 años bailaba en string en las discotecas de la zona, en las afueras del pueblo, centro de Italia, para ocultarse de sus padres. Botas largas de cuero brillante, string negro de seda, el culo desnudo y una remera corta. El pelo largo hasta la cintura con rulos brillantes. Piernas largas. Su boca tiene dientes complicados. El cuerpo, sin tetas, casi perfecto. Sabe caminar como una pantera. Sabe caminar como le gusta a los hombres. Pasamos el tiempo en una brasserie frente al Moulin Rouge. El mozo nos sirve pesado. El boulevard podría ser cualquier ciudad. Martes. Saludo al guardia del supermercado del frente. Es un petiso feo de manos abolladas, algerino. Pensé que había renunciado. Pero se fue de vacaciones a Alger dos semanas. Vio a sus padres. Me cuenta, bajo el frío, que allá es otra cosa, que la temperatura era de 25 grados. Su trabajo es cuidar que nadie robe. O pegarle a los SDF que siempre salen con una botella de vino bajo el tapado. Pega fuerte. No solo pega puños sino que cuando su enemigo está en el piso pega patadas. Los SDF siempre vuelven. Se obstinan ciegos por la botella. Lo veo desde la ventana y lo odio. Pero por la noche cuando se va me da la mano, me sonríe y me desea buenas noches. Le pega a los SDF que intentan robar. Una inglesa escribe: Do you fancy a drink after? Me invita a soirees privadas o a cenas exóticas. Volví de Londres con la piel seca. Tenía los ojos cansados. El cuepo me dolía. Huelo a piel húmeda. No la riego. S. la alemana, dj artista, me invita a pasar dos semanas en una provincia francesa. Los quesos o el vino te matan. La papada se hincha. La cara cambia de tamaño. El cuerpo es menos dócil. Una ley implícita indica que las mozas sucumben a los deseos de sus responsables. Ellas aceptan con una sonrisa plástica. La chupan con decoro pero la chupan. A la mañana siguiente van a clases. Trafico de carne bursátil. Duran un día o meses. Se protegen sin escapatoria después de los tragos finales. Me seco el vino de los labios con la manga de mi buzo con capucha. Escupo las gotas de la lluvia. No hace frío. La mesa tiene varias capas de cenizas sobre manchas de cerveza. El aire es denso. Fumar es una forma de vivir, tomar es una forma de sobrevivir, dice Jacques a modo de insulto. Tengo dos días por delante de pausa. Finale. Se mueve el corazón. Me duele el pecho. La piel se estira. Las erupciones se despiertan en su marcha silenciosa. Pagué el taxi. Me cubro de buena lana y cuero caro. Pero si el cuerpo queda desnudo, pasaría la noche en Port Royal. Noche de P. Cierro con la moza. Se llama K., es húngara, 26 años. Después en el taxi me huelo repetidamente el índice izquierdo. Huele apenas a concha. Pero huele. Le chupé las tetas en unas escaleras de madera vieja. Me preguntó si era para la noche free style o mañana la llamo. Me contó que salió unos meses con un tipo de 43. Pero lo dejo porque su cuerpo tenía 20 más. Me acaricia el pelo. Se desabotona. Se pone en cuatro patas con gracia. Esta noche volví a cerrar el bar. Colgué las cortinas para poder fumar. Tome cinco o seis pinte a la orden del diablo gratis. C. no me cobró. Me sirvió alcochol y cigarrillos canilla libre. Me dice que se va. Tiene una expresión blanca. Es de Budapest. Comparte una chambre de bonne de 14 m. con una francesa con la que duerme. Pero aclara que no le gustan las mujeres. Hace cuatro años que vive en París. Los primeros años limpiaba un depto del distrito 16. La llamo K... Sabe mover el culo. Tengo que negociar una noche con las dos. El día se levanta entre las cortinas metálicas. Su padre tiene muchos hijos, trató de suicidarse y es su héroe. Busca hombres como su padre. ¿Me parezco a un húngaro de 50 años? Es rubia pálida. Sus tetas son más lindas de lo que parecen. Usa cola less extremo negro. Les gusta pensar en eso, que son una más. A mí también. O es fácil tener mujeres que no me gustan. Cuentas y cuantas pendientes. El este. Estatuto precario. Su amiga, A., es belga. Dice lo que piensa incluso si suena vulgar. Me dijo que tengo un culo pequeño. Le dije que tiene un culo grande y se lo apreté en el hall de su edificio. Se sacó la ropa. Le gusta por el culo. Te lo digo por sus gestos. Camina y me lo da. Soy un caballero que toma polaroids. Por el momento es siempre la misma boca. Pero no voy. Beso una historia. Estudia arte dramático. K. dice que Budapest es la capital del porno. A K. le gusta el sexo. Acepta la sesión de fotos con la única condición de hacer el amor antes de desvestirse. K. dice que las mujeres húngaras son tristes a causa del comunismo. Me gusta K. y Fassbinder, Luca Prodan y Rodolfo Fogwill. Me dice con sus brazos que Budapest es la capital del porno. Que quiere coger conmigo. Que acepta una sesión de fotos. Su amiga es una sirena. Podemos dormir los tres. París es un falo erecto. Monumentos en punta. K. vive en una pieza de 9 metros cuadrados. Su amiga termina a las dos. ¿Si terminas los tres? Me dice que su responsable quiere su culo. Le gusta el sexo culinario. Comer sus entradas y tirarlas al Sena.

Gabriel Magnesio desde París

Estoy sentado en un sofá rojo, en un departamento del Faubourg Saint-Dennis, en el medio. Hay una japonesa y una inglesa. Las piernas cruzadas sobre mis rodillas. El flash de la cámara sobre mi cara. Dos mujeres. Una productora y una diseñadora de moda. La inglesa me sacó una Polaroid. Su cámara sé cayó al suelo. Me pregunto si era fuerte. Luego salto con las piernas abiertas sobre mi cintura. Bajo el arco de Saint-Dennis me pidió que tomara el taxi con ella. Tenía puestas unas botas negras largas y un vestido negro que no tocaba sus rodillas. La inglesa se puso de rodillas para chupármela. La coreana le chupó entre el escote. Las tres bocas se tocaron. W. nació en España, vive en Londres. Su padre es irlandés, su madre es china. Habla castellano con acento de Sevilla. Es incierto lo que hace. En todo caso hoy la acompañé a hacer shopping. Pasé dos horas en dos boutiques: April 27 e Isabel Marand. Gastó 1000 euros. La habitación del hotel le cuesta 200 la noche. Tendrá 35 años. Tiene un cuerpo de 22. Piernas largas, flacas, tipo Mick Jagger. Dejó la cocaína después de siete años. Fumaba cinco porros cargados para poder fumar. Ahora sufre la abstinencia. Tiene insomnio. Duerme apenas dos o tres horas por noche, con esfuerzo. Lo primero que me dijo fue: «Hace dos noches que duermo una hora», y largo su ruidosa carcajada. El contacto fluye. Su padre murió. Sospecho que vive de la herencia. Dice que no toma mucha cocaína porque en general es mala y solo esnifa la muy buena. Por eso se resiste a la posibilidad de mudarse a Colombia. Tuvo una relación de 10 años con un productor cinematográfico de Los Ángeles. Prueba miles de pantalones, los distintos tonos del negro, siempre pegados a sus piernas flacas. Se divierte. Dice que necesita un café negro. Me acerco para darle un beso que le doy pero no insiste para el segundo. Dice que es una antigua tímida. Piensa. No está. No está sólo su cuerpo pasado por las drogas. Me dice que para los negocios es implacable. Camina como una modelo de barrio. Es sexy. Pago la cuenta. Pago mis vasos. Su tren sale a las 21 desde Gare du Nord. Está cansada pero no bosteza. Compró dos billetes para poder dormir. Ahora extraño ayer que la vería hoy por la mañana. Es dulce. Me despertó. Mujer fuerte y transparente en la cama. La extraño porque no me dijo todo. W. toma taxis y en el pasado muchas drogas. Dice que en abril se le acaba el último cheque. Pero no entiendo. Repregunto. La respuesta es la misma. La acompañé a tomar el taxi. Dijo que paso un lindo día. La despedida fue rara. No nos tocamos. Se sentó. Le expliqué al taxista. La besé y se fue. Me equivoqué. No entendí. Es tímida. En la calle pasó su mano sobre mi espalda. No entendí. Ella no tiene reacción. Era yo quien debía decidir por ella. Tengo varias mujeres esperando que las llame. Estoy cansado de mi club de feas. Suprimo sus teléfonos. Prohibo sus llamadas. Quiero conseguir un número que me cueste. Que me obligue a acostarme solo. Pero W. no escucha. Habla sobre ella. Nunca pregunta. Su fuerte es el dinero. Estamos sentados en un bar del Marais. El dueño es mi amigo. Su novia es modelo. Sus amigas también. Con W. descubrí las direcciones de las boutiques branche. Tenía que ser su guía turístico pero se fue a Londres. W. estará en su cama con sábanas de seda, y nada más porque tiene calefacción, sin poder dormir. Da vueltas en la cama. Se levanta. No piensa. Acabo de hacerme una paja a su salud. Después: los cuerpos están en el camarín. Esperan el momento para salir. Cuando las palabras descansan salen los cuerpos corriendo. Esta noche es domingo. Llovizna, la calle está oscura. Nadie en la calle ni adentro de la epiceria (fast chic). Ésta noche W. toma whisky como cada día pero en general por la madrugada. Muchos de mis amigos sufren de insomnio, versión moderada de la angustia. Se cuidan de las drogas que los haría dormir como angelitos. C. llega acompañada de una mujer. Tiene 40 años, es finlandesa. Las dos están borrachas. Se acaban de conocer o parece. Me acerco para escuchar. Les sirvo champagne y vino portugués. C. trata de seducirla. Ella es rubia, alta, ojos pesados, intensos. C. dice que puede ayudarla. Ella está bien vestida. Vive hace cuatro años en el barrio. Antes vivió en Bruxelas y Alemania. Dejó Finlandia a los 18. Sus voces son cada vez más agudas y titilantes. Mujeres Cassavettes. Se cuentan sus vidas. Hablan de traiciones y sufrimiento. En la única mesa ocupada las dos mujeres se miran a los ojos con la intensidad del alcohol, la noche y el deseo. Después seré yo quien pasará por la epiceria tamil a buscar el remedio. El tamil de Clichy tiene la delicadeza de no mirarme a los ojos. Su barba negra y blanca creció. Espero tener conexión wifi. Reviso el correo, las novedades del día, escribo esto que estas leyendo, selecciono fotos. R. me dio un regalo, el cheesse cake que ayer no comimos. Creo que recapacitó, se sintió mal. Incluso el esposo fue amable y conciliador. Como en el restaurante, deje de ir al supermercado. Los tips compran el alcohol. El sueldo cubre el resto. En la cocina S. se ríe. Parece decir que la angustia occidental es la posibilidad de la infinita seducción diaria. Se ríe de que una mujer intente suicidarse por un amor no correspondido. En Malí, dice, la poligamia, la religión, los casamientos arreglados de antemano, resuelven esos problemas. S. el tamil sigue la conversación con los ojos pero no entiende. Se ríe igual por las dudas. Mas tarde en la cama, en la cama con Bejart, el gato rasga las uñas en los costados del colchón. Con el tiempo los costados del colchón se desgarran, el algodón sale, la historia en personal. Mercury es una amigo y no cuesta tirar a la basura un pull negro made in Losanne de Bejart. Podría venderlo a los coleccionistas o al museo que seguramente aparecerá. Busco los pedazos de cigarrillos que un momento antes apagué. Son los únicos que tengo para fumar. Tengo que ir a Nueva York. F. me invita. Su edificio tiene piscina. Tengo frió. Hace un mes que el calefactor no funciona. Lo apagué. Escribo con la campera puesta más muchas botellas de cervezas. Incluso F. tiene ese algo de la francesa que eclipsa, firme, mientras cierro los ojos.

Más de Gabriel, acá.

Magalú

jueves

Nelson de Oliveira

Odio sostenido ¿Quién se acuerda de los sueños bendecidos? ¿Quién le dio limosna al vagabundo de la General Osorio? ¿Quién colecciona lapiceras vacías, cepillos de dientes aplastados, pañuelos de papel usados? ¿Quién tiene paciencia para esperar el próximo estornudo, estruendoso en todos los sentidos? ¿Quién se preocupa con la autoestima de las medias colocadas al revés? ¿Quién arrancó la restauración de oro de las paredes cariadas? La bomba que acaba de explotar en el metro, ¿quién la puso allí? ¿Quién mató todas esas personas impersonales? ¿Quién recogió todas las gotas de la última lluvia y las depositó en la corriente sanguínea de los amantes endiablados? Yo no. Ni siquiera en mis peores pesadillas. El vagabundo de la General Osorio me odia. Los autos pasan, las personas pasan. Las horas pasan, los pensamientos pasan. La plancha pasa, las uvas pasas. Todo es pasado aún antes de haber sido presente. Los sustos pasan, el guardarropa pasa. La mesita de luz, el velador, la sábana, todo pasa. La luz y el hollín de las cosas fuertes que pasan hacen temblar la cama, hacen temblar los muslos de esa muchacha que pasa encima mío, resbala por mi cuello, se infiltra aquí y allá, desaparece entre la almohada y el colchón. Esa muchacha que hace temblar a los autos que pasan, las personas allá afuera, la lluvia, las corridas en la estación del metro. Esa muchacha arrogante, que día por medio pasa por aquí para gozar seis veces, preparar chocolate caliente y contar las novedades. Esa muchacha me odia. No sufro por eso. No exijo que me amen. Mi única exigencia es que no destruyan mis sueños, no prohíban los orgasmos, no apaguen el televisor. Si miro demasiadas series el problema no es de su santidad el papa, es solamente mío. Si después de gozar seis veces la muchacha de mis sueños me chupa y me prepara chocolate caliente, Greenpeace no tiene nada que ver con esto. Podría ser Nescafé, podría ser Mate Leão. Pero dejé de fumar hace catorce minutos y no será ahora, en pleno salto mortal entre dos realidades irreales, que volveré a los viejos vicios. A la noche visito Gotham City y sus alrededores, en busca de más acción y emoción. Y, quién sabe, de una tajada de sexo animal que toda película promete. Nada en ninguna parte, encuentro siempre la ciudad vacía. Murciélagos, pingüinos, gatas y chicos-prodigio: la jaqueca y el stress ahuyentaron a todos. Todos ellos me odian. Un día sí otro no ella viene aquí. Siempre en días impares, porque los pares le dan mala suerte al amor romántico. Aún sabiendo eso, la extraño. Un día no otro sí yo la busco: visito todos los sitios, abro ventana tras ventana, envío mensajes al tuntún. Compro todos los diarios, salto de canal en canal, voy veinte veces al buzón. Paseo por todas las tiendas, en la sección de cosas perdidas dejo notitas en caso de que ella aparezca. Pero tú no apareces. Lloro, araño los almohadones, invito a bailar a la dueña de la pensión y después la abandono sin mayores explicaciones. No sé bailar, detesto el libertinaje de las pensiones londinenses. Sé que tú también me odias. La dueña de la pensión me odia. Tu padre me prestó dinero y el auto, y yo lo denuncié a la policía. No tengo la culpa, esa compulsión a decir siempre la verdad es más fuerte que yo. Quiero ser virtuoso, quiero ser noble, quiero ser santo. Los amigos me tratan bien y asimismo hablo mal de ellos a sus espaldas. Por eso todos me odian. Soy un pozo de intriga y difamación: digo siempre la verdad, soy modesto y honesto. Antes me invitaban a fiestas, ahora eso ya no sucede más. No tengo la culpa, nadie me comprende. El vagabundo de la General Osorio me odia, tú me odias y no hay más santos ni justicia en el mundo. Desierta o no, está en la primera página del Diario Planeta, del Daily News, del Diario Clarín. Está en todas las tapas: desierta o no, Gotham City entera me odia. Escribí reseñas negativas de los libros de los amigos. Escribí reseñas negativas de los libros de los enemigos. Soy malo, cruel, perverso, no soporto las personas ni la vida social londinense. Miento con frecuencia, compulsivamente. Mentí ayer y anteayer, estoy mintiendo ahora, mentiré mañana. Insulto a los mendigos, me burlo de las dueñas de pensión, no pago mis deudas. Pongo bombas en los metros, mutilo personas. Bebo más allá de la cuenta. Estoy siempre tosiendo, cuando no estoy tosiendo estoy vomitando. Eso aleja a las mujeres jóvenes. Sólo me gustan las mujeres jóvenes, cuanto más joven mejor. Porque te obligo a venir aquí un día sí un día no tú me odias. Si yo no te chantajease, tú no vendrías, lo sé. Tiene sentido tu crujir de dientes, el sexo sin gracia, el chocolate siempre frío. Tú me odias más que todos. Perdóname, soy horrible, no soporto esa confusión emocional, el dolor en los omóplatos, la jaqueca. Perdóname, perdóname, perdóname. Te amo. Tú sabes que sí. Amo la forma como te enroscas en la sábana, amo tus recuerdos de infancia, amo tu nariz respingada, tu olor, tu voz. Cuando el invierno llega amo las paredes frías y quebradizas, cuando la primavera llega amo la brisa melancólica dentro de los ómnibus: amo todo lo que me hace recordarte. Soy vulgar, soy sensiblero, soy de mal gusto. Pero te amo. Por eso la mentira. Te miento a ti, al vagabundo de la General Osorio, a la dueña de la pensión, a todo el mundo. Miento porque me odio, miento porque sí, me miento a mí mismo. Porque me odio. Di que no me odias. Por favor, di que no me odias. No te voy a desatar hasta que digas que no me odias. Nelson de Oliveira . San Pablo . Brasil. (Traducción Graciela Ferraris) Arte de Marcos Rostagno

martes

Marcelo Dughetti

¿Qué cangrejo atenazo tu infancia? (sobre los golpes a la maestra)
En casas oscuras tiembla el prójimo ¿quien sopla el dolor? Alejandro Schmidt/ de Casa en la arena
Lo que hiciste lo sabe tu hijo. Lo va a saber tu madre. Después lo sabrán los vecinos, el tipo que te vendió las papas inyectadas de odio. El que te eligió el perejil sombreado por la muerte. El que te envolvió las pechugas de pollo inyectadas de bilis. El panadero que escribió con sangre en una varilla seca, este es el pan del agente. Los niños que se comían una paloma, cargaran las piedras como el rey David para quebrar las lunetas de esos gigantes traccionados creyendo que todos son como vos, que el veneno los sirve, los alimenta. Que no hay escorpión en el que se pueda confiar aunque haya heredado las formas de la vieja madre del mundo. Lo sabrán tus maestros de primaria. ¿Te acordás de esa maestra, que te seco la sangre cuando te rompieron la nariz los muchachotes de la banda? Esa que te explico que el odio era inútil, que anda en las papas, en los tomates, en el pan como el miedo. ¿Te acordás que te seco la cara con una servilleta de papel y te llamo hijo, querido hijo dijo y le viste brillar los ojos? Querido hijo había dicho mientras te peinaba con las manos manchadas de tiza. Después te calmaste y comiste una factura que ella tenia en la bolsa. Una factura que estaba imperdible ¿Te acordás de ese sabor que no era frecuente? Yo te vi. Te vemos todos desde aquel entonces hasta ahora. Te ven tus padres, tus hijos tu madre, tus hermanos, el párroco de la iglesia donde comías los sábados cuando los centros de apoyo al menor y la familia aseguraban que vos los fines de semana eras un fantasma, que no existías, cuerpito en la lluvia o entre soles neblinosos de un dolor cargado de bronca. ¿Cuántas ventanas rompiste? ¿Cuántas palomas cazaste? ¿Cuántas maestras en ese camino te abran abrazado y rescatado de los muchachos? Eras débil, jugabas a ser ladrón. Te gustaba eso de huir sabiéndote perseguido por los que representaban el orden, la ley. Decime, ¿cómo se asienta el triperio cuando golpeas un guardapolvo blanco? ¿No ves que es como escupir al cielo? Y cuando apuntas a los pibes que cazan palomas ¿no ves que estas matando lo que fuiste? El panadero abrió el pan y escribe un adjetivo pensado como si fuera a escribir un ensayo sobre la ira. El verdulero asume que sus tomates te angustiaran la existencia. El carnicero infla el pollo con el suero que ha elegido como una especialidad del alma. En fin estas solo. en una casa llena de enemigos. No sentís las manos llenas de tiza enjugarte el llanto, lavarte la carita con la servilleta de papel, regalarte una factura de las que traía para el mate cocido. Para vos ahora ese blanco es un centro de tiro, un blanco móvil. Todo lo que te frene la ira o intente cuidar a los que son como fuiste te resulta un blanco de disparo, una posibilidad de terminarnos, de terminarte. El cura ya no rezara por vos y si lo hace la hará llorando. Tu madre temblará cuando llegue el momento de parirte. Tu padre que estaba preso recordará que a tanta adversidad solo lo arrojo el maltrato, que por la necesidad reventó los códigos, que fue esposado y preso como si las variables económicas dependieran de el. Como si el hambre fuera su responsabilidad. Como si el saqueo del tesoro publico comenzara por ese hecho al que se vio obligado para que vos dejaras de comer palomas en una época donde un sultán, que volvió a ser viejo, gobernaba los destinos de estas tierras. ¿Habrás aplaudido lo de Fuente Alba? ¿Te acordás? El maestro en la ruta esmaltando las manos de los paramédicos en esa sangre que todo lo quema. Algo dijiste reunido con tus colegas en la guardia. Un comentario que atrajo la mirada de los otros, la aprobación de alguno y el disgusto de la mayoría, supongo, que no se anima a hablar. ¿Cuál era tu consigna? , ¿Cuál tu divisa, bajar al inocente y al que defiende al inocente? ¿Y los otros. los que trafican con seres humanos engrosando la carne de los prostíbulos? ¿Y los otros los de los grandes desfalcos, los que rematan el país, a esos nada? Es decir a esos que te pagan lo mismo que a mí y quieren que vivas con dos pesos. ¿A esos nada? Se acercan las fiestas, ¿Ya pensaste, que vas a desear en el momento que levantes tu copa? ¿Por quién pedirás que los años venideros sean felices? ¿Cabe eso en tu cartuchera, en el cargador de la Itaca, cabe eso? Y tu hijo, ¿estas seguro de no verlos algún día comer palomas? Estas seguro que tu hijo, algún día, no será golpeado y clamara con la nariz quebrada que esa maestra a la cual llevas detenida le limpie la carita con una servilleta, lo peine con la manos llenas de tiza y le regale una factura que trajo para el mate cocido?. ¿Estas tan seguro que alguna ves, no tengan que robar o romper para gritar que siguen allí, entre nosotros, los vilamarienses que no nos enteramos de nada? ¿Estas tan seguro? Esto no pasara, vos lo sabes bien, como esos pajaritos que uno caza en la infancia, el alma de estos días te perseguirá siempre. La mirada adusta de la docente que te entregue la libreta de tu hijo. La vergüenza del miedo con el que te reciban a cada paso. ¿Era eso lo que buscabas? ¿Valió la pena?

Tomás Barceló Cuesta

Dónde están los militares.
Por: Tomás Barceló Cuesta. Uno nunca sabe dónde están los militares. No se los ve. Nunca vemos a un general del ejército caminar por ahí, besar a su amada en el banco de una plaza, en una vereda, en la parada de un colectivo. Caminar por las calles, entrar a una tienda, probarse un par de zapatos, admirar la primavera ante una flor que se abre a la luz. Contemplar una puesta de sol, un amanecer. Las crónicas policiales no hablan de ellos. Nunca un general es asaltado por un delincuente y despojado de su auto, de la billetera. Ni sus casas son violadas por ladrones que entran a robarles sus bienes. No. Nunca, o rara vez, se sabe de los generales militares. A veces, en contadas ocasiones, aparece algún que otro general, con su entorchado de estrellas, muy serio y circunspecto, al lado del presidente del país en alguna ceremonia oficial, cuando el caso lo requiere. O en los desfiles para conmemorar alguna fecha patria. Pero sólo eso. Los generales militares están ahí, aunque nunca nadie los vea. Sin embargo, en Argentina, se hicieron particularmente notorios cuando el 24 de marzo de 1976 golpearon al país con un rotundo golpe militar y en el brevísimo tiempo de sus dos primeros años, se cobraron 30 mil vidas. Tomaron las riendas. “Impusieron el orden”. Fueron saludados desde los medios por los Grondona, reconocidos por la oligarquía, previamente asesorados, y finalmente aplaudidos, por el país del norte: Estados Unidos de Norteamérica. 30 mil vidas. Vidas de hombres, vidas de mujeres, muchas de las cuales llevaban en sus vientres otras vidas que nacieron en sótanos y mazmorras de torturas e inmediatamente repartidas como botín especial entre familias oligarcas o entre ellos mismos. Así, sembraron en el país las semillas del miedo y el terror que aún hoy, a treinta años de la orgía sangrienta, Argentina no ha podido sacudirse. Miedo y terror. Cada 24 de marzo, en Argentina, no es necesario que los medios -la mayoría de los cuales aprobaban entonces lo que hacían los militares-, recuerden la fecha con editoriales de condolencia. Es innecesario. Pudiera incluso parecer hipócrita. Hay más de un caso en el que, efectivamente lo es. Ni que se den actos oficiales sin poder evitar parecer pura demagogia. Cada 24 de marzo, cada general, coronel, teniente, sargento, cabo, soldado, debería hacerse visible ante las pupilas del país. Salir de los cuarteles. Ir a las plazas, a las escuelas, caminar por las calles. Acercarse a cada ciudadano, a cada mujer, hombre, a cada niño, y pedirles perdón por el crimen que cometió el ejército treinta años atrás, con sus generales a la cabeza. Sí, el simple y humano perdón por lo que hicieron. Año tras año, cada 24 de marzo. Hasta que todo el país se de cuenta de que ya no hay razón para temer. De que la bestia está definitivamente muerta.
Arte de Marcos Rostagno.

Joaquín Bonetto

Joaquín Bonetto es de Canals, por estos días junto a Damián Morais están en la tarea de difundir cine desde Que pretende usted de mí, un delirio, mostrar cine europeo en las huestes sojeras.

La Herencia de Walsh

Por Osvaldo Aguirre* En el final de la Carta abierta a la Junta Militar, Rodolfo Walsh explicó que había escrito ese texto “sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace tiempo de dar testimonio en momentos difíciles”. Podría decirse que ese compromiso se planteó cuando empezó a investigar los fusilamientos de José León Suárez, en 1957, y sobre todo cuando empezó a escribir el relato de esos hechos y tuvo conciencia, a la vez, del hecho del relato. “Operación Masacre cambió mi vida –dijo, en uno de sus textos más conocidos-. Haciéndola comprendí que, además de mis perplejidades íntimas, existía un amenazante mundo exterior”. La idea de testimonio que se desprende de la Carta tiene un matiz que parece distinguirlo de los otros textos llamados testimoniales de Walsh. La Carta es testimonial, en principio, en el sentido común del término: denuncia los crímenes de la dictadura, sus imposturas, expone su plan económico, etcétera. En el reportaje que le hizo Ricardo Piglia en marzo de 1970, Walsh introdujo otra idea de testimonio: el testimonio como un género, opuesto tanto a la novela burguesa como a la denuncia escrita, decía, “al correr de la máquina”. El hecho de que la novela burguesa, ineficaz en términos de acción política, fuera la forma artística prestigiosa y el testimonio careciera de estatus podía revertirse, conjeturaba, en el futuro, cuando “lo que realmente se aprecie en cuanto arte sea la elaboración del testimonio o del documento, que, como todo el mundo sabe, admite cualquier grado de perfección”. Y agregaba: “en el montaje, la compaginación, la selección, en el trabajo de investigación, se abren inmensas posibilidades artísticas”. Walsh, por otra parte, no utilizó entonces la expresión non fiction, con la que después se designó a sus relatos testimoniales. La única filiación explícita que reconoce es con Biografía de un cimarrón, de Miguel Barnet, quien precisamente presentaba sus textos como novelas testimonio. Non fiction no equivale a relato testimonial, en el sentido en que Walsh entendía estos términos: pertenece a la literatura canonizada, al juego de los escritores que se pelean, como decía, por ver quién hace mejor el dibujito. En junio de 1989 la revista Babel publicó un artículo de Christian Ferrer llamado “Rodolfo Walsh: una herencia imposible”. Ferrer planteaba la extrañeza de la obra de Walsh tanto respecto de la literatura como del periodismo que le sucedieron: Walsh, dictaminaba, no tuvo herederos, no hizo escuela, no dejó discípulos. Las inmensas posibilidades artísticas que él entreveía en el testimonio no se abrieron. Pero mucho antes de que ese artículo fuera escrito se había acuñado una nueva definición de testimonio: a partir de fines de la última dictadura, cuando empezaron a conocerse los relatos de las víctimas, cuando emergió de la sombra, a través de esos relatos y sólo a través de esos relatos, la existencia del poder desaparecedor, el testimonio perdió aquel sentido de un género ajustado en el montaje y la absorción de mecanismos y materiales discursivos de diverso origen para pasar a inscribirse en la reconstitución del pasado y la creación de una memoria. Pero precisamente en este punto en el que parece desaparecer es cuando Walsh vuelve a hacerse presente. La Carta abierta a la Junta Militar puede ser leída, también, como el primer testimonio sobre el régimen de la dictadura. Es un texto que dice mucho más que la denuncia obvia, aunque ese sentido resulta menos evidente que la información y las cifras concretas y abrumadoras. Walsh propone aquí, una vez más, una lectura del discurso oficial. En su obra, el relato de los hechos se construye como lectura de otro relato, una lectura que significa un desmontaje, la exposición del hecho del relato. Walsh es un lector y un escritor lento. Lo ha dicho él mismo: “he tardado quince años en pasar del mero nacionalismo a la izquierda; lustros en aprender a armar un cuento, a sentir la respiración de un texto”. Hace el tipo de lectura de un corrector, el que lee lo que falta y lo que excede un texto. El relato que abre su obra se llama “Las aventuras de las pruebas de imprenta” y en él un lector que es un detective aficionado resuelve un enigma por la aplicación de una lectura. Y en lo sucesivo las figuras de ese tipo de lector, el lector que desmonta lo que lee, como quien despliega las piezas de una máquina, se multiplican: es el criptógrafo, el traductor, el narrador testimonial. Lo que el relato de Walsh descubre, se ha dicho, es lo que el discurso oficial oculta: “uno puede fijarse en los diarios –dice en el prólogo de Operación Masacre- y esta historia no existió ni existe”. La Carta abierta suena como el relato de la verdad, el desenmascaramiento de un engaño tramado en el lenguaje. Pero en lo sucesivo, después de ese texto de Walsh, los vínculos del testimonio y la verdad se vuelven problemáticos. Cuando sobre el fin de la dictadura aparecen los primeros relatos sobre la represión el testimonio ya no supone el relato de la verdad; por el contrario, provoca dudas. Los sobrevivientes resultan sospechosos y sus testimonios, mientras el discurso de la negación se muestra cerrado y sin fisuras, son discursos escandidos por blancos, interrogantes, fallas de la memoria. Como decía Adorno a propósito del nazismo, “el hecho de que lo sucedido escapa a cualquier experiencia regular tiene además como paradójica consecuencia que uno mismo apenas pueda admitirlo”. El testimonio resulta increíble, y no tiene las pruebas que se piden en un caso común. No quedaron fotografías ni filmaciones de los centros clandestinos ni de esa administración rutinaria de la muerte que significó su funcionamiento; las primeras imágenes fueron las que obtuvo la Conadep y resultan bastante pobres, porque no muestran a las víctimas ni a los instrumentos de tortura: esas fotos no nos presentan a la dictadura ni a sus crímenes. Es cierto que esta carencia de imágenes se ha subsanado en los últimos años, entre otros hechos, por la labor del Equipo Argentino de Antropología Forense en su identificación de restos NN y la confiscación de un reservorio tan importante como el archivo de la Dirección de Inteligencia de la Policía de Buenos Aires, Dipba. Pero el problema persiste. La extensión y la brutalidad de los crímenes, por su misma naturaleza, exigían pruebas y esas pruebas fueron los testimonios de las víctimas. Sin embargo el relato de lo que ocurrió no se ha cerrado; por el contrario es susceptible de ser reabierto desde muchos ángulos. Por ejemplo, desde la literatura, si es que la literatura puede hacerse cargo de aquella herencia de Walsh y volverla posible.
* Escritor y periodista de Rosario.

miércoles

Gabriel Magnesio

PARIS BY NIGHT 1. Place de Clichy remix Miller. Musicos austriacos de paso por Paris, depto de 30 metros cuadrados, buena biblioteca y gusto decorativo. En Viena o Paris, como conejos. Me regalo su bufanda, un recuerdo de BCN. Llegue con cinco cervezas. Su amigo despues de mucha charla se fue a dormir y ella me dejo sus tetas. Toca en fiestas privadas, good money. Tiene manos de baterista. Sus dedos golpean como una pianista. B. nacio en el sur de Austria pero vive desde hace anos en Viena. Es musico. Tiene 45 anos y tetas grandes, pezones duros, culo flacido, concha caida, el pelo lacio y rubio con mechas oscuras. Los dientes son postizos. Sus dientes son blancos de raices negras. Es de abrazo fuerte y desesperado. Es linda e intercalamos el ingles con el castellano. Besos animicos y promesas falsas. Posibles encuentros, fechas de vacaciones conjuntas. Sus piernas caminan raro. Un poco cruzadas. Pase por el museo de Egon en Viena. No entre. Me termine peleando con el guardaropas porque obligaba de mal gana a dejar las mochilas por 3 euros. Anote mi descontento en el libro de quejas. Ella odia a Pauls. «Conoce el museo de Egon en Viena, snob». Como mierda en lata o hamburguesas americanas. Ni siquiera kebab. Tambien como manies en lata o nueces de cayu en lata compradas en el almacen tamil de Place de Clichy. Los arabes ofrecen marihuana skunk sexo poppers kebab crepes. Hoy gasto parte de mi sueldo en salidas. La piel se apaga. Esta noche escucho ah Steve Ray Vaughan, Patti Smith, Lou Reed, Rolling Stones, Nina Simone, Kate Power, Joaquin Sabina, Jaco Pastorius, Babyshambles. Fue en Londres. Despues del concierto de Pete. Ella y B. caminan delante. El pavimento esta mojado. La niebla rodea las luces. Son menos transparentes. El publico parece expulsado del paraiso. Patean los vasos de cervezas. Las mujeres solas buscan camas compartidas. Fue en Londres. La supervivencia era ahi sexo. Esta noche, M., el letrista de Pete (o la heroina como elemento de narracion del ambient rock) tiene la piel gris pegada a los huesos, los ojos salidos, los movimientos torpes, las piernas raquiticas. Es un angel fragil y transparente. Lo incomoda las miradas de los otros, como gêne. Se viste con torpeza: zapados de charol negros, pantalones de vestir dos numeros mas grandes y una camisa inocente. Las recetas se le escapan. Se esfuerza en lo minimo: dar su nombre, regalar una entrada, aceptar algo para tomar o saludar. Dejo la heroina. Toma cafe y fuma cigarrillos compulsivamente. Pasa su tiempo en Alcoholicos Anonimos y otras instituciones anonimas. Es de la periferia profunda del Est London. Su padre fue asesinado por la mafia. Sale de una familia pobre. Paso un tiempo por The L.. Es letrista. Compuso las canciones mas exitosas del grupo: singles top ten. (La heroina de Pete: gira acustica por Estados Unidos para pagar deudas que le podian traer problemas.) Girar para pagar. Estar limpio, limpiarse. Estar adentro. La heroina te da estado de creacion a costo elevado. La caida duele: M. es el perdedor. No puede seguir pagando. Toma agua mineral en pajita. Mira el concierto sentado, aplaude sin emocion a su ex companero, que sigue en pie. La tentacion esta ahi. La heroina le dio celebridad. Puede pagarse clinicas de desintoxicacion. M. no. Es el artista pobre. Toma el metro. Dice: «Que Dios te bendiga». Para un ingles puede ser rock. M. mira como agradeciendo nuestra presencia. Es el autor de una de las paginas del rock britanico. Es un musico talentoso. Toma agua en pajita. Se viste como un abuelo. Tiene 30 anos. Fue adicto durante 9 anos. Limpio o adentro. La heroina lo obliga a venderse al otro. No tiene mujeres. Para el medio que le daba identidad es un perdedor; ni siquiera, es un desaparecido o nunca existio. Los dientes manchados. Dientes menos. Es sufrimieto fisico cotidiano, es la deuda mas cara a pagar (no deudas de heroina a dealers irracibles). «Que dios te bendiga», dijo. Para un ingles Dios es rock: humo, cemento y frio. M. es un cuerpo en movimiento nervioso. No tiene curitas ni dedos cortados. Su cuerpo es una gran herida. Es ingles y la gente lo reconoce detras de la escena. Saludan al gladiador derrotado. Un viejo testimonio de las paginas mas celebres del rock. La frase de Pauls: «… lo que el rock le robo a Egon Schile»: nervios, venas secas, huesos amarrillos, ojos excentrados, fijos, ausentes, manos huesudas, piernas cruzadas, raquiticas. M. de cero o London narrada por la heroina del rock?

sábado

Tomás Barceló Cuesta

El hombre ilustrado El escritor norteamericano Ray Bradbury debió inspirarse en un hombre como Chacón para escribir su relato fantástico. Por Tomás Barceló Cuesta. Llegué al hombre impulsado por un viejo recuerdo infantil. Mi padre y yo descendimos del tren en la estación de Casa Blanca. Debíamos abordar la lancha que nos depositara al otro lado de la bahía de la Habana, en plena ciudad. Pero antes decidimos entrar en un bar y calmar nuestra sed con algún refresco. Allí estaba él, sentado al mostrador. Sostenía un vaso de ron que de vez en cuando llevaba a los labios para tomar grandes sorbos. Sus pupilas estaban ancladas en quién sabe qué remotas distancias de sus recuerdos. Su rostro, su cabeza rapada, y el torso desnudo, me mostraron por primera vez lo que era un tatuaje. Tuve miedo, era un ser extraño. Esa noche, cuando me acosté, lo hice ingenuamente pensando que había hecho el insólito descubrimiento de que algunos hombres nacían con la piel dibujada. Yo era un niño. Corría el año 1962. Fue la primera imagen que tuve de Marcelo Ricardo Chacón. Pasaron los años. Ahora, desde la atalaya de su humilde hogar en Casa Blanca, diviso la bahía, el puerto con sus escasos buques anclados y, más allá, los edificios de la ciudad difuminados en la ceniza azulosa del mediodía. En este lugar todo es posible, desde sentar la muerte a tu lado y brindarle un trago de ron crudo junto a otra compañera no menos sutil y temible, la soledad. Miro los tatuajes, los toco, los leo, trato de hilvanar una historia a través de ellos, un relato que sea lo más coherente posible. Apenas quedan espacios de esa piel que no hayan sido cortados por la aguja y penetrados de tinta. Hay buenos dibujos. Otros, en cambio, son muy malos. Y muchas frases escritas. El hombre me brinda un vaso de ron. "Dentro de un rato podremos comer arroz y algo de cerdo frito", me dice. Sonríe. La mayoría de sus dientes están enchapados con oro o platino. De modo que su sonrisa es fulgente, con destellos agresivos. Es un hombre viejo ya, muy viejo, cuenta con más de setenta años. Pero nada en él parece haber cambiado. Ante mí sigue siendo un misterio. Morirá a la vuelta de tres o cuatro años. Encontrarán su cuerpo sin vida en el miserable camastro. Debajo del colchón unos cuantos dólares, acompañados de una nota en la que dona ese dinero para los niños de una escuela del barrio. "No bebo salvo los fines de semana, esto lo hago ahora por usted". Alza el vaso de ron a la altura del rostro y vuelve a sonreír. Le agradezco el gesto. Entonces comienza a contar su vida. No tuve ni juguetes, ni quinces, ni diecinueves nunca. Vine solo para la Habana. Nada de compañías. El que solo la hace, solo la paga. Nada de mujeres, ni casamientos, ni hijos. He sido un bohemio toda mi vida. El asunto es no morirse ¿no?. Y aquí estoy, con setenta y cuatro años . Solo todo el tiempo. Limpiando zapatos, de cocinero en la marina de guerra durante diez años. De ahí me expulsaron. Seguí batallando, he dormido un día aquí y otro allá. He sido pescador, músico, jardinero, toqué la tumbadora en una orquesta famosa. Quise llegar al fondo de las cosas, conocer todas las trampas de la vida. Es dura la vida, mi broder, muy dura. ¿Cómo comenzó todo? ¿Qué cosa? El asunto de los tatuajes, cuál fue el primero. Ah, eso fue en Santiago de Cuba, cuando era marinero por los años cincuenta. Le dije al cabo Ortega que me hiciera una cruz. Me hizo la herida aquí en la mano izquierda ¿ve? Después de cortar echó tinta y ahí lo ve, ese es el primero. ¿Dolió? Bueno, no hay triunfo sin sufrimientos. Empecé a tatuarme porque quise ser diferente a los demás. Yo soy un ser humano, pero reconozco que soy un excéntrico. Por el cincuenta y pico empecé a tatuarme con Salaíto, difunto ya. Era el mejor tatuador de Cuba. No necesitaba marcar. Dibujaba al tiempo que iba cortando, entonces salían esos tatuajes que usted ve, casi perfectos. Era muy conocido dentro del ambiente. ¿Es cierto lo del ratón en una nalga y el cazador en la otra? No, eso es mentira, habladuría de la gente. Ninguna de mis partes está tatuada. Ahí nadie llega. Ahora muchos se dejan hasta tatuar las nalgas, pero yo no. El ratón mírelo aquí, en el muslo, y el cazador acá ¿lo ve? El ratón dice, voy a entrar. Y el cazador le responde: Si entras te mato. ¿Ve cómo le apunta con el fusil? Hay tantos dibujos que a veces se superponen unos con otros. En las falanges de los dedos están escritos los nombres de José Martí y Antonio Maceo, próceres de la independencia de Cuba. En cada palma de las manos un juego de dominó. En ambos pies unas sandalias de tamaño natural. A todo lo largo del cuerpo el panteón yoruba con todas sus deidades. Un enorme pulpo sobre la cabeza trata de atrapar con sus tentáculos a un hipocampo, a un caimán y a un pez aguja a la vez. En algún lugar está impreso el grito de guerra Viva Cuba Libre. Un tigre asoma sus fauces de detrás de una palma. Una pantera camina sigilosa por el plexo solar, mientras, a distancia, desde hombro izquierdo, un ciervo la mira con recelo. Un puñal atraviesa un corazón. Una serpiente se desenrosca en su pereza de ofidio. En el entrecejo del hombre una estrella. Un águila trata de volar en el reducido espacio que le han dejado. Un león ruge eternamente. Hay una mariposa en el cuello. Un cristo crucificado. Un viejo personaje popular de los comics yanquis, Pedro Harapos, acompañado de una frase que dice: La voluntad es tesoro. Hay estrellas, soles, una moneda con alas, perros, felinos, caballos, praderas, gavilanes, un niño naciendo del útero de una flor. Todos conviviendo juntos en una misma piel mientras una rosa náutica en medio de tanto fárrago universal, de tanto desorden enciclopédico, apunta hacia todos los horizontes del cuerpo. Hay dibujados varios ojos. En el antebrazo derecho, están las banderas de Cuba y México. Un párpado con una frase que reza: Honor a quien honor merece. En el otro párpado: Ya te vi, hipócrita. Dentro del labio inferior los nombres de Olofi y Oyá, dos deidades afrocubanas. Hay también un cementerio con sus cruces y sus panteones. Un muerto que es conducido en bicicleta. Y tantas frases como sean posibles: Ya no bebo, colgué los guantes. El buen gavilán no chilla. Critícame pero no me toques. La risa es el triunfo de la batalla. No se vende la fortaleza. El dinero no es la vida. Debajo de un ojo inquisidor se puede leer: Precaución, mírate en ese espejo. De haber nacido en estos tiempos, Chacón, ¿se hubiera tatuado? No, que va, hubiera sido otra vida, mi broder. Antes se creía que era asunto de presidio, de gente del ambiente ¿no? Cierto. Pero lo mío fue por lo que le expliqué. Yo no tengo ningún tatuaje feo en el cuerpo. Hay quien se tatúa cosas como Si quieres gozar sube. O mujeres con todas sus partes afuera. Esas groserías yo las rechazo. ¿Habrá alguien que tenga tantos tatuajes como usted? Lo dudo. ¿Ni en el mundo? Bueno, eso está de moda ahora. Como yo, creo que hay tres o cuatro en el mundo. ¿No ha sentido alguna vez añoranza por el matrimonio, tener hijos? Nada de eso. Enrumbé solo, y solo sigo. ¿Por qué tantos tatuajes? En ellos está mi vida. O la filosofía de mi vida, algo parecido pero que no es lo mismo. Mi piel es como un libro abierto donde quien quiera puede asomarse y ver. No recuerdo si Chacón me lo dijo o lo leí entre tantos tatuajes: La vida es como las mareas, unas veces altas y otras bajas. Algo cierto. Como la vida de cualquier hombre o mujer sobre la tierra.

Judith Leroux

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